El nepalí Nirmal ‘Nims’ Purja tomó el 22 de mayo de 2019 una foto que dio la vuelta al mundo. En la imagen, ya famosa, aparecían un par de centenares de personas que intentaban alcanzar el techo del planeta, mientras los que bajaban, como él, no podían pasar. Sin pensárselo dos veces, durante media hora se dedicó a gestionar el tráfico en aquel cuello de botella, y aunque tenía las manos heladas, se quitó los guantes para tomar la imagen. En aquel momento, Purja estaba en medio de su ‘Project Possible’, un proyecto que, al contrario de lo que dice su nombre, muchos daban por imposible: Nims quería escalar los 14 ochomiles, es decir, las 14 montañas más altas del planeta, en solo siete meses. Y lo consiguió, en exactamente 6 meses y 6 días, con su punto final el 29 de octubre de ese año. A los pies de Nims quedaron no solo los montes Annapurna, Dhaulagiri, Kanchenjunga, Makalu, Everest, Lhotse, Nanga Parbat, Gasherbrum I, Gasherbrum II, Broad Peak, K2, Manaslu, Cho Oyu y Shisha Pangma, sino las miles de personas que, boquiabiertas, han visto su documental ’14 Peaks: nothing is impossible’, que se estrenó en Netflix en noviembre, o que han leído su libro, ‘Más allá de lo imposible’. No es para menos. El anterior registro de la conquista de todas estas montañas, con cimas superiores a la llamada ‘zona de la muerte’, es decir, donde la hipoxia puede provocar la muerte, era de casi ocho años. Los puristas le afean el uso de oxígeno suplementario en el último tramo de sus ascensos, pero el 16 de enero de 2021 los dejó sin argumentos: Purja logró, junto a un equipo de nueve hombres, la primera ascensión invernal del K2, el único ochomil que hasta entonces no había sido escalado en esa estación. Y además, sin oxígeno embotellado. Su nombre volvió al centro de la polémica hace unas semanas, cuando el alemán Eberhard Jurgalski, que registra las ascensiones de alpinismo desde hace cuatro décadas, redactó un informe que podría, en sus palabras, reescribir la historia de este deporte. Su conclusión es que solo el estadounidense Edmund Viesturs, el finlandés Veikka Gustafsson y el nepalí Nims Purja han subido los 14 ochomiles, dejando a muchos otros fuera. El motivo, a grandes rasgos, es que a lo largo de los años se ha descubierto cuál es el verdadero punto más alto del Manaslu, el Dhaulagiri y el Annapurna. Purja ha conquistado así un lugar en la historia del alpinismo. Como el neozelandés Edmund Hillary, que casi todo el mundo asocia con la cumbre del Everest. Más difícil suele ser identificar el nombre de Tenzing Norgay, el sherpa nepalí que le acompañaba ese 29 de mayo de 1953, cuando fueron los primeros en alcanzar la cima, a 8.848 metros de altitud, de la montaña más alta de la Tierra. El hermano mayor Muy lejos quedan ya aquellos primeros años del siglo XX en los que la montaña Qomolangma o Chomolungma, que significa ‘diosa madre del mundo’ en tibetano, o Sagarmatha, ‘pico del cielo’, en nepalí, empezaba a hacerse famosa. Bautizada en 1856 en honor al topógrafo británico George Everest, fue la primera en convertirse en la meta de alpinistas de todo el mundo. Tantos, que ahora en las ventanas de buen tiempo hasta se producen atascos como el inmortalizado por Purja. Condecorado como miembro de la Orden del Imperio por la reina Isabel II, Purja atiende a ABC por videollamada desde su casa en Hampshire, Inglaterra. Antes de empezar, avisa que lo está matando un dolor de muelas, pero aún así se muestra amable y muy sonriente, y no escatima en anécdotas durante casi una hora de charla en la que hace gala de su sencillez, y de su amor y respeto por su familia y por su equipo, que le llama ‘Nimsdai’, hermano mayor. Y es que su hazaña, tan aplaudida como criticada, no solo ha puesto sobre la mesa su propio éxito, sino que ha dignificado el nombre y el papel de los sherpas, tantas veces olvidados bajo los apellidos de los escaladores occidentales a los que ayudan a cumplir sus metas, y de otros nepalíes que, como él, no crecieron en la montaña pero que la conocen a la perfección. « Este es mi homenaje a ellos, que han estado siempre en segundo plano , es un proyecto más grande que yo o que mi equipo, que representa a Nepal y a la contribución que los nepalíes han hecho al montañismo, porque siempre hemos estado a la vanguardia de hacer posible lo imposible». «Nací en una casa pequeña, sin nada, en una familia humilde… Ni siquiera teníamos televisión», dice Nims, que escaló una montaña por primera vez en el 2012 y que a sus 38 años es ahora quien sale en la tele y es conocido por millones de personas. «Todo gracias a mi trabajo y el de mi equipo», dice, antes de confesar que siendo niño «solía mirar la tele por la ventana de la casa del vecino, y ahora hemos producido la película sobre montañismo más grande de la historia, que ha llegado a una audiencia global enorme». Lo dice sin pretensiones, porque su gesta no fue nada fácil, y no solo a nivel físico. «Lidiamos con múltiples problemas. No solo estaba escalando los ochomiles, sino recaudando fondos, manejando la dinámica del equipo, lidiando con la burocracia política para conseguir los permisos…». Y es aquí donde solo tiene palabras de agradecimiento para su madre y su mujer. «Literalmente, iba contra el mundo», que se había burlado de él cuando anunció su plan. «Pero ellas estaban ahí apoyándome, creyendo en mí, y eso es clave para el éxito, el apoyo de tus personas más queridas hace una gran diferencia. Su madre, «mi amor, mi inspiración, la que me hizo ser lo que soy», murió poco después de que acabara su aventura. Pese a estar enferma, en su último descenso ahí estaba, esperándolo para abrazarlo. «Le llamé Proyecto Posible porque tengo dos grandes propósitos: uno, transmitir la idea de que, literalmente, no importa de dónde vengas o cuál sea tu origen, que independientemente de las barreras que tengas, puedes mostrarle al mundo que nada es imposible. Y en línea con eso, realmente quería poner en alto el nombre de los escaladores nepalíes que han estado en el ruedo durante tantos años. Pese a que la comunidad ha estado ayudando a otros escaladores, es como si no fueran importantes». Sostenibilidad «Todos tenemos nuestras propias montañas que escalar en la vida, se trata de cómo las enfrentamos», dice Purja y reconoce que «soñar en grande puede asustarte» pero «las grandes razones siempre te empujan y tienes que probar para saber donde está tu límite». Pese a la terminología, su mensaje está muy lejos de ser un producto más del mercado de la autoayuda. Él no habla de magia, sino de trabajo duro, de entrenamiento, de planificación y sacrificio. «Fui un gurkha (los soldados nepalíes reclutados por el ejército británico) como mi padre y mis hermanos, y fui el primero en ser elegido para formar parte de las Fuerzas Especiales británicas» explica, pero dejó su vida de soldado de élite para ponerse manos a la obra con este nuevo sueño. «Nunca es tarde para empezar algo que deseas, pero tenemos que dejar de poner excusas y saltar. Hacer que las cosas sucedan». Y en ello está. «Gracias a todo esto tengo la capacidad de influir en las personas y estoy en una posición para hacer cosas buenas, como ayudar a restaurar la sostenibilidad de nuestro hogar, la Tierra», dice. «Solo estoy haciendo mi parte: las montañas son mi hogar». Así, detalla que está inmerso en un nuevo y ambicioso proyecto de la Fundación que lleva su nombre, dedicada a proteger, preservar y restaurar los entornos del ‘Big Mountain’, y que consiste en limpiar las toneladas de basura que algunos montañistas dejan atrás en sus expediciones. «Muchos sherpas obtendrán empleos, y queremos ayudar al planeta y a la comunidad», apunta Nimsdai, que fue nombrado recientemente Defensor de las Montañas del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y que pone como ejemplo la retirada de 500 kilos de basura del Manaslu hace unos meses.