Pocos en Nueva York recuerdan ya el infierno que era Times Square hace no muchas décadas, entre clubes de ‘striptease’, locales de ‘peep show’, meretrices, chulos, basura, drogas y violencia. Ahora es un infierno de turistas, gente disfrazada de superhéroes o personajes infantiles que soplan pasta por una foto, humo negro de los carritos con pinchos de pollo carbonizados, mercachifles y oficinistas a la fuga. Dentro de poco, podría ser todo eso y un gran casino al estilo de Las Vegas o la más cercana Atlantic City. Y todo lo que eso conlleva: jubiladas adictas a las tragaperras, despedidas de solteros, universitarios de juerga, coches pretenciosos, alcohol a mansalva, señoritas y ambiente de gusto dudoso. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP 1616 Código APP Poner un gran casino en Nueva York, la capital económico y cultural del mundo, es una vieja aspiración de la industria del juego. Desde este año, la cuestión no es si habrá un casino. Es más, se sabe que habrá tres . Lo que no está claro es cuánto tardarán en abrir y qué localización exacta tendrán. Y cómo afectarán en lo económico, cultural y social a la Gran Manzana. Un acuerdo presupuestario alcanzado el pasado abril por los legisladores estatales incluía tres licencias para casinos. Hasta ahora, el único casino que hay dentro del distrito municipal es el Resorts World, dentro del hipódromo Aqueduct, en Queens. Es un casino a medias, porque ahí solo se puede apostar a las carreras y en máquinas tragaperras con pantallas. ‘Racino’, carreras y juego Está pegado al principal aeropuerto de la ciudad, el John Fitzgerald Kennedy (JFK) y es probable que la mayoría de turistas que van cargados de maletas en el metro antes de despegar o después de aterrizar no hayan reparado en él. El ‘racino’ –así se llaman estos establecimientos a mitad de camino entre el casino y las carreras, ‘races’– se centra en el público local. Con todo, es el establecimiento de juego con mayores ingresos en EE.UU. fuera de Nevada, el estado que acoge a Las Vegas. Es una muestra de la potencia que podría tener un casino en pleno centro de Manhattan. Sobre todo, si se tiene en cuenta que las tres licencias que se acaban de aprobar son para casinos completos, con sus mesas de ‘black jack’, poker o ruleta, además de salones gigantescos con tragaperras. La Comisión del Juego del estado de Nueva York no establecerá un comité para decidir la localización de los tres casinos hasta el próximo 4 de octubre. La autorización es para que se abran en el sur del estado de Nueva York, es decir, en la propia ciudad o en sus inmediaciones. En el norte del estado, hay varios casinos que operan ya desde 2014 y entonces se decidió que se les daría un tiempo –hasta 2023– para hacer negocio y establecer un público antes de abrir los del sur, donde se concentra la gran mayoría de la población. El alcalde de Nueva York, Eric Adams, en el cargo desde este año, ha dejado claro que quiere que al menos dos de las licencias se otorguen dentro del distrito de la ciudad. Ya hay propuestas en marcha para ello, y alguna afectaría a lugares emblemáticos de Nueva York. Uno de ellos es Times Square, un lugar ya desbordado por los teatros de Broadway y las macrotiendas –Disney, M&M’s–, que atraen a los visitantes como la miel a las abejas. También se baraja la posibilidad de Hudson Yards, el último gran desarrollo inmobiliario en Manhattan, un nuevo cúmulo de rascacielos fulgurantes, plazas públicas pulcras, centro comercial y restaurantes –entre ellos, el popular Mercado Little Spain, del cocinero español José Andrés – en el oeste de la isla. Está ubicado sobre las vías muertas de la cercana estación Penn Station y queda una manzana entera enorme hasta el río por desarrollar. Allí se ubicaría el casino. Lejos del centro también hay propuestas: una es Willets Points, en Queens, junto al estadio de los Mets de béisbol y muy cerca del recinto donde se celebra cada año el US Open de tenis, que arranca este mismo lunes. Otra es Coney Island, la legendaria playa de Brooklyn, con un parque de atracciones que busca recuperar el lustre perdido. Proyectos de estas características requerirán del abrazo entre los reyes del ladrillo neoyorquinos y gigantes del juego, como Hard Rock, Las Vegas Sands o Wynn. Dudas en la comunidad Para que la ruleta empiece a girar y resuene el ‘ding ding’ de las tragaperras en pleno Nueva York queda mucho. Los solicitantes de licencia tendrán que atravesar una jungla regulatoria , en una ciudad donde muchos sueños faraónicos fracasan y donde ampliar una línea de metro con media docena de paradas ha tardado décadas. Uno de los principales escollos será el voto favorable de un comité asesor que estará integrado por representantes de seis políticos: presidente de distrito, senador estatal, diputado estatal, concejal, gobernador y alcalde. Se requerirá el voto positivo de dos terceras partes de los miembros para dar luz verde al proyecto. Es probable que los líderes locales se opongan. Sobre todo, porque no está claro si compensará los riesgos para la comunidad de plantar un casino a la vuelta de la esquina. En el juego, como en cualquier otra adicción, el impacto «tiene que ver ante todo con la accesibilidad», asegura a este periódico Venus Moore, del Centro de Recursos para los Problemas con el Juego de Nueva York, una organización que se declara «neutral» sobre los casinos, pero que advierte que habrá que contar con más fondos para ayudar a quienes se enganchen a las apuestas . Un estudio de 2004 de la Universidad de Búfalo señala que quienes viven en un radio de 15 kilómetros de un casino tienen el doble de posibilidades de desarrollar adicción. Además, muchos expertos desconfían del maná de desarrollo económico, recaudación de impuestos y empleos que traerán los casinos y aportan estudios que demuestran que los beneficios no son sostenibles y que acaban canibalizando otros sectores. Los casinos en el norte de Nueva York han conseguido beneficios por debajo de lo esperado: en 2019, antes del impacto de la pandemia, recaudaron 188 millones de dólares en impuestos, dos tercios de lo que se proyectaba en sus solicitudes para obtener la licencia. «No conozco a un solo votante que quiera un casino», aseguró recientemente el senador estatal Brad Holyman, que representa al distrito que incluye a Times Square y Hudson Yards. «Fuerzas de fuera quieren el casino. La gente que vive aquí, no». Cambiar el turismo También habría que ver cómo afecta el casino a Nueva York como foco de turismo , con 65 millones de visitantes al año. Para muchos será un aliciente. Para otros, puede cambiar su experiencia de la ciudad. «Para mí tendría cero atractivo», dice a este periódico Jon Villanueva, que acaba de visitar la ciudad con su familia y otra familia española. «Times Square ya está muy masificado con turismo; si metes eso, es la hecatombe. Y el concepto de turismo de casino está muy asociado a Las Vegas. Cambiaría el tipo de visitante». La oposición al casino en Nueva York se destila en un editorial reciente publicado en el rotativo ‘The New York Post’: «Los tratos enormes en la trastienda que benefician a promotores inmobiliarios bien conectados y zares del juego a costa de la gente común está comprobado que son una mala apuesta».