Relato

La guerra, como la política, incluso la paz, necesitan de un relato. Ganar el relato no significa ganar la misma, pero sí tener la ‘auctoritas’ del monopolio de una gran parte de la verdad objetiva y con ella, la consideración moral. Ahora bien, no siempre quien posee el relato actúa con esa imparcialidad, ecuanimidad ni tampoco objetividad, al contrario. Como es sabido, el relato desde la invasión rusa a Ucrania, país soberano, siempre ha sido de éste, incluso antes mismo de que las hostilidades bélicas se iniciasen. El largo camino hacia la guerra fue empedrado de muchas mentiras y propaganda para hacernos parecer al mundo occidental, pues el relato ha importado sobre todo en éste, que Ucrania y su gobierno eran prácticamente un régimen tirano, nazi (curioso que el presidente ruso se refiriese en tales términos) y que debía ser derrocado. Sin importar ni siquiera el sufrimiento, la devastación y el horror con miles de muertos. Parte de ese relato está precisamente en los muertos. En las muertes diarias, tanto de soldados como de civiles que está provocando esta destrucción sin piedad ni compasión. En algún momento se dijo por las autoridades ucranianas que cada día perecían en la guerra alrededor de 800 soldados ucranianos, calculen ustedes después de más de 150 días, lo que esto supondría, toda vez que los activos militares incluidos reservistas de escasa formación o ninguna ya no superarían los 200.000. Algún servicio de inteligencia europeo siempre ha elevado esas cifras. Rusia está vaciando y también limpiando sus reservas armamentísticas. No por ello se debilitará más, pero sí pagará un altísimo coste económico y social, además del reputacional que ya está sufriendo. No nos referimos claro está al armamento nuclear, sino a otro tipo de bombas, como las termobáricas o de racimo. El gasto militar y humano está siendo ingente para el gigante ruso. Se estima en una década como mínimo lo que tardará en volver a tener disponibles semejante arsenal militar. Ese es otra parte de un relato que nadie quiere escuchar, pero que no pasan desapercibidos ni para la OTAN ni para Washington. Pero el foco pese a que lo tenemos puesto todos en Ucrania, está también en el gigante chino y todo lo que rodea a Taiwán. China de momento no se ha movido un milímetro en su política hacia Moscú. El tablero diplomático juega contrarreloj en este escenario. Solo es cuestión de tiempo que la partida de ajedrez empiece a mover alguna ficha más que no sean ya meros peones. La tensión es alta. Ejercicios militares, declaraciones de unos y de otros, movimientos de flotas… El relato dice que con las armas suministradas a Ucrania han detenido el avance ruso. Quién sabe si es verdad. Pero sí que el paseo militas de apenas dos semanas se ha convertido en una guerra cruenta, de fango y terror, horror e impunidad, donde la bestialidad humana y la inmisericorde ceguera que envuelve toda guerra se transforma en crueldad, muerte, vesania, ignominia y devastación. Relato. siempre tiene que haber un relato, o varios según para qué. SOBRE EL AUTOR Abel Veiga Es decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Comillas.

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Author: Pablo Perez