Cuando los primeros golfistas empezaban a disfrutar de esta actividad en St. Andrews, poco podían suponer que tres siglos después su afición se iba a convertir en la más compleja de interpretar de todas las existentes. Las trece reglas iniciales publicadas en 1744 se han convertido en un volumen de 700 páginas en las que se analizan las 24 normas actuales y las numerosas decisiones que se han ido produciendo, con su jurisprudencia. «Hay que tener en cuenta que se trata de un juego que se celebra al aire libre, en una extensión de 60 hectáreas, y que está sujeto a todo tipo de eventualidades», señala José María Zamora, árbitro del Circuito Europeo. Nunca se producen dos situaciones iguales, de ahí que sea tan importante la interpretación en caso de duda. La propia filosofía de este deporte dice que cada jugador es responsable de su propio resultado y que debe actuar siempre de acuerdo a las reglas. Y, en caso de tener alguna duda, apuntarse siempre la cifra que sea menos beneficiosa para él. El rival del jugador es uno mismo, pues cada vez que sale al campo lo que busca es hacer el menor número de golpes y bajar su hándicap; es decir, que no compite directamente contra su compañero de al lado (encargado de apuntarle y certificar sus golpes) sino contra él mismo e, indirectamente, contra el centenar de jugadores que eventualmente le acompañan ese día en ese torneo. Uno se arbitra a sí mismo Lo habitual es que cada uno se cuente sus propios impactos y se los dicte a su compañero, que los anota en su tarjeta a fin de comprobarlos al final de la vuelta y firmarlos si están correctos. Si hubiera alguna discrepancia, en ese momento se solventa, a no ser que fuera irresoluble por parte de ambos y que el resultado tuviera que pasar al Comité de Competición de la prueba. En una última instancia, la Real Federación Española de Golf dispone de una institución superior en la que juzga si se ha producido alguna irregularidad que merezca castigo, aunque en todo 2021 solo se produjeron cinco sanciones este motivo, lo que da idea de la honradez de los golfistas. Examen teórico y práctico Ahora bien, el hecho de que cada jugador se controle a sí mismo (lo contrario sería como hacerse trampas jugando al solitario) no impide que haya personas que decidan hacerse árbitros para ayudar a otros en los momentos de duda. «Lo primero que hay que hacer es estudiar profundamente las reglas de golf y, una vez que crees estás preparado, presentarte a unos exámenes teórico y práctico convocados por el Comité de Reglas de la RFEG. Una vez superados ya se inicia la singladura arbitral», explica su presidente, Pablo Chaves. Este tipo de jueces se suele centrar en las competiciones oficiales organizadas por las distintas federaciones, tanto amateurs como profesionales, en las que el nivel de los participantes es superior al de los que cada fin de semana participan en las cerca de 15.000 pruebas anuales que se celebran en España. «Habitualmente están acostumbrados a jugar con árbitros, por lo que no suelen tener problemas en llamarte cuando tienen alguna duda», indica Maribel Sáez, de Castilla-La Mancha, «aunque también hay quien tiene un hándicap más alto y te evita porque piensa que le vas a perjudicar en su resultado, cuando es todo lo contrario». Noticias Relacionadas estandar Si golf Jon Rahm, con la cabeza en otro sitio, baja a su peor ranking Miguel Ángel Barbero estandar No Golf Tiger Woods rechaza una oferta de 800 millones para unirse al LVI Golf S. D. El mundo del arbitraje de golf es tan vocacional que quien se introduce en él lo hace por propia afición, sin tener en cuenta posibles beneficios personales. «Estamos en esto por amor al arte, pues no recibimos ningún sueldo, y es lo mismo asistir a una prueba de ‘pitch&puttt’ de infantiles que a unos Juegos Olímpicos, como fue mi caso», afirma Pablo Mansilla, de la Federación Andaluza. Ahora bien, hay algunas excepciones, como las de los árbitros profesionales, que están contratados por los grandes tours para controlar los torneos que organizan. «En mi caso no pasé por el sistema federativo, sino que directamente el European Tour me reclamó al tener un buen nivel de juego (ha sido campeón continental Mid-Amateur) y de inglés», apunta Zamora. Y aunque su responsabilidad es la misma, sí que es cierto que el trato con el jugador es diferente. «Por lo general te ven como a un colaborador, porque nuestra misión es ayudarle a que haga los menores golpes posibles; pero sí que es verdad que los profesionales más lentos te ven con recelo porque saben que les puedes sancionar por ese motivo», señala. Lo peor de su actividad, en lo que coinciden todos, es la soledad de estar doce horas en un buggy soportando todo todo tipo de inclemencias. «Especialmente en las islas británicas, donde puedes acabar calado hasta los huecos y sin más consuelo que esperar a llegar al hotel y acostarte», concluye.