Un escritor popular

Nacido el 4 de agosto de 1822, 11 meses después de la firma del acta de Independencia patria, don José Milla y Vidaurre, padre de la literatura y del periodismo nacional, cumplió la semana pasada 200 años. Podríamos decir que es el mayor ‘long seller’ de las letras guatemaltecas. Sus novelas históricas, sus cuadros de costumbres, sus columnas periodísticas y sus magníficas crónicas continúan leyéndose, pero sobre todo disfrutándose, por una gran diversidad de lectores. Es un escritor popular, en el sentido más literal y en el más noble del término. 

Pepe Milla comienza su andadura literaria a los 21 años, con uno de los poemas más bellos y poderosos escritos durante el siglo XIX en Guatemala. Un alegato rabioso contra Rafael Carrera: “Hijo de la miseria y de la nada/ Tiranuelo opresor de un pueblo inerme/ Zorra cobarde que acomete osada/ a un gallinero que tranquilo duerme./ General, director, héroe, caudillo;/ Arcángel, qué sé yo cómo te llaman./ Entre bordados mal envuelto pillo/ Ya los pueblos, de ti venganza claman…”. 

Podemos decir que desde esos primeros versos, Milla ya le está trazando un destino a las letras patrias: el de la transgresión y el de la denuncia contra los abusos del poder. El escritor como voz disonante, en medio de una sociedad convertida en un “gallinero” adormecido, incapaz de despertar ante los embates de la Historia.

El poema se convierte en un escrito que hoy podríamos calificar de “viral”. Copias manuscritas pasan de mano en mano. Estudiantes, políticos, artesanos, gente letrada, gente común, gente encopetada se lo aprenden de memoria y lo repiten y  recitan en reuniones, en las cantinas, en las aulas, en las calles, en las plazas. Digamos que es un antecedente de la canción protesta de los años sesenta y setenta del siglo XX. José Francisco Barrundia, expresidente de la República Federal de Centroamérica, se presenta en el Colegio Tridentino, donde estudiaba Milla, para anunciarle que los liberales tomarán sus versos como bandera. Espera encontrarse a un confabulador, a un radical,  y lo que se encuentra es a un muchachito francamente asustado por el impacto de sus escritos.

Pero lo curioso es la reacción de Rafael Carrera. Fuera de mandarlo a callar, apresar o fusilar, como ha hecho con otros de sus opositores, tiene una especie de epifanía que lo hace comprender que ese verso, “Hijo de la miseria y de la nada”, es la mejor descripción que se ha hecho de su persona. Envía, entonces, a Francisco Pavón Aycinena, también mencionado y “apaleado” en el alegato de Milla, a que convenza al poeta de unirse a la causa conservadora, o más bien a la “revolución carrerista”. Pepe Milla acepta porque es un estudiante huérfano y sin fortuna, y necesita trabajo. Se está iniciando así esa relación tortuosa, atormentada, discordante, peligrosa, del escritor con el poder que ha marcado nuestra historia intelectual y republicana.

“Cumpla pues en buena hora cada cual su destino/  A ti cítara de oro, pluma acerada a mí/ A mí los vendavales y el raudo torbellino…”, escribe Milla en su poema contra Carrera, como augurando cómo terminará todo ese asunto. “Encierro, destierro, entierro”, escribió un siglo después Alfonso Orantes.    

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Author: Maria Suarez