La progresiva acumulación en estos últimos años de sentimientos de cólera, de hartazgo y de miedo ante la imposibilidad de ver florecer nuestro país en los terrenos de la justicia, de la dignidad y de la equidad social, es lo que nos conduce a la saturación de la conciencia y a la necesidad de protegernos del peso moral y de la impotencia por medio del desinterés por la cosa pública y la apatía ante el incumplimiento de los derechos ciudadanos, lo que nos ha conducido a una situación de creciente indiferencia personal y desmovilización o desvinculación, fenómenos que constituyen, precisamente, algunos de los objetivos que las huestes surgidas de las oscuras alianzas entre militares, magnates del narcotráfico transnacional y ciertos sectores oligárquicos del país, arropados en las banderas del evangelismo, del anticomunismo y del capitalismo más troglodítico, se han ido adueñando de sectores medulares del Estado para transformarlo en una vaca lechera y administrar así el país como la propiedad personal de unos pocos señores que asentaron su poder bestial gracias al despojo y a la aniquilación, a través de los años, de los miles de muertos que hemos debido enterrar con infinito dolor y terror, lo que nos impide, en este periodo de brumas y tempestades, aunar los esfuerzos suficientes para salvar este barco desvencijado que es nuestra patria y que deambula, sin saber hacia dónde, en medio de las interminables aguas de la incertidumbre.
Sin embargo, esfuerzos, los ha habido. Pero por lo visto, aunque los buenos somos más –es lo que nos gusta creer–, son los malos los que aparentemente tienen más poder. Y precisamente, uno de los valientes esfuerzos que se han hecho en nuestro país con el fin de investigar y denunciar a los protagonistas de la corrupción, ha sido el de este periódico, fundado y dirigido por el ingeniero Jose Rubén Zamora, quien ha realizado una labor de vanguardia para intentar que prevalezca la búsqueda de la objetividad en la información, permitiendo que en sus páginas haya un abanico de aportes que han logrado hacer escuela dentro del periodismo. Hoy, las hordas más aparatosamente corruptas enquistadas en los poderes del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial, han capturado a Jose Rubén bajo pretextos fantasiosos y espurios destinados, en el fondo, a silenciarlo a él y a todos los que trabajamos o colaboramos en ‘elPeriódico’. De modo que, en esta grave circunstancia, no me queda más que solicitar el apoyo y la solidaridad de los lectores para que juntos, impidamos que se lleve a cabo la destrucción de uno de los mástiles centrales de nuestra raquítica democracia.