Una furtiva lágrima

La despedida era de Casemiro, pero quedará la lágrima de Ancelotti. Ese gesto o no gesto. Porque hablaba el brasileño, llorando a moco tendido, y Florentino y Ancelotti lo miraban juntos. Dos tipos duros. El ‘presi’ parecía emocionado, pero se contenía; el ‘míster’ parecía impasible, pero una lagrima brotaba en él como un venero de la roca; no hubo un gesto en su cara, nada cambió, pero congelada la facción como si colgara entera de su ceja, la lágrima se deslizó sin patetismo, sin esfuerzo, sin ser contenida y sin buscarse… ¿Así lloran los hombres con seis Copas de Europa? El mundo está lleno de contenidos, pero solo algunos transmiten una emoción genuina. Fue un acto sentimental. El Madrid ya no solo produce fútbol o títulos, produce emociones y ahora es tiempo de mudanza. Con voluntad de eterno, el club es buen sitio para ver pasar el tiempo. Lo dijo Florentino: «Nuestros valores se renuevan con algunos jugadores». Los vivifican, los refrescan con sudor y lágrimas y luego se van. Mientras reconstruye su estadio, el Madrid desmonta su segundo gran equipo hasta el punto de perfeccionar las ceremonias de despedida. Ante las Copas, que miran mudas como notarios, el jugador da las gracias al club hecho caras, hombres, amigos, y parte dejando una historia. Florentino refina un mensaje: el Madrid como experiencia distinta para el futbolista frente a las jaulas de oro, y una sensación de perfección institucional que habrá que recordar cuando en el futuro alguien se pregunte cómo lo hacían, cómo lo hicieron. En la rueda de prensa, después, una ligera incoherencia inevitable. Casemiro no se va por dinero, ni siente que haya bajado su nivel, solo «se acabó el ciclo». Todo era idílico, pero sintió que se acababa. ¿Por qué? El ciclo. Se parece a la canción de Rocío Jurado: una mañana gris, al abrazarnos, sentimos un crujido frío y seco… A medida que la rueda de prensa se extendía, Casemiro dejaba de hablar como jugador del Madrid para empezar a hacerlo como uno del United. El Madrid deja marchar, pero se queda con las emociones.

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Author: Pablo Perez