Alcaraz enloquece a Nueva York y se mete en cuartos

Adaptarse o morir. La evolución premia a quien se ajusta a las condiciones que le toca vivir y el tenis también. Carlos Alcaraz supo hacerlo para ganar su billete a cuartos de final del US Open ante un rival muy incómodo, Marin Cilic (6-4, 3-6, 6-4, 4-6, 6-3) Compareció Alcaraz, en la expresión coloquial sobre la falta de atención, algo empanado. Perdió su saque a las primeras de cambio, con errores no forzados, un golpe innecesario por debajo de las piernas y una doble falta para rematar la perdida. Espabiló el murciano y le devolvió de inmediato la rotura de saque, con energía y la ayuda de los pies de Cilic. No es que los 198 centímetros de croata se muevan con dificultad. Es que tiene un pie como una peana e incurrió varias veces en falta de saque. «Qué culpa tengo yo de calzar un 51», parecía decirle al juez en la protesta, imposible de entender desde la grada (le pitaron otras dos durante el partido). Era un set como querían Alcaraz, su esquina y la parroquia neoyorquina. Con puntos eléctricos, el repertorio variado y espectacular de golpes, voleas en escorzo, zarpazos a la línea, gritos, rabia, energía. Pero el guión cambió pronto. Cilic es un tenista veterano, curtido en todas las batallas. Entre otras, ganar un ‘grande’, en esta misma pista, en 2014. El croata se aferró a la dureza de su saque y a una derecha que es un guantazo. Movía a Alcaraz de lado a lado, como un muñeco. Las carreras imposibles del murciano a veces fueron también fútiles. En alguna parecía hasta jugarse el físico. En su ambición por ser agresivo, Alcaraz se adelantaba una barbaridad en el saque de Cilic. En caso de segundo servicio, lo devolvía pasada la línea de fondo. No funcionó la estrategia. Cuando a Ciiic le entraba el primero, era casi imposible de devolver. Y en los segundos, el ímpetu de Alcaraz moría en la red o más allá de la línea blanca. Enrocado en esa dinámica. Alcaraz perdió el set. No había ni el ritmo ni la energía con los que brilla. Era un tenis farragoso, incluso aburrido. Así se llevó Cilic el segundo set y así arrancó el tercero, con cada uno metido en su trinchera. Ya era la madrugada en Nueva York y flotaba la sensación de que no abriría la mañana para Alcaraz. El español cambió de estrategia. En la devolución del saque de Cilic, dio varios pasos atrás, casi hasta el fondo de la pista. SI hubiera jueces de línea (desde el año pasado, las fueras en el US Open las pita un sistema de arbitraje electrónico), tendría el trasero en la nariz del árbitro. Funcionó: Alcaraz devolvía restos altos y al fondo y desordenaba el plan de Cilic. El croata trató de poner nervioso al español y lanzó un saque por debajo, en dejada, para que no se fuera tan atrás. Alcaraz lo pescó y ganó el punto. Tiró los brazos al aire. Tiene 19 años y Cilic, 33. Pero no iba a caer en ese juego. El español se llevó el tercero y todo apuntaba a que el cuarto seguiría la misma tónica. Pero tuvo un problema: no conseguía cerrar los puntos de ‘break’. Con 15-40, con posibilidad de colocarse 3-5 y sacar, desperdició la oportunidad. Perdió siete rupturas de saque en ese set, que se marchó rumbo a Croacia. Noticia Relacionada Tenis estandar No Nadal: «Tengo que atender cosas mucho más importantes que el tenis: mi primer hijo» Javier Ansorena El tenista español ha reconocido un bajón en su nivel desde que comenzó el torneo, por las «muchas cosas que han pasado los últimos meses»: los problemas físicos y el ingreso hospitalario de su mujer Alcaraz tuvo que volver a adaptarse. Esta vez, en lo mental. Perdió su saque en el juego que abrió el quinto set. Cualquier se hubiera hundido, después de lo que dejó escapar. Pasadas las dos de la mañana de Nueva York, en una noche eterna, se rehizo. «¡Vamos, Carlitos, que tengo sueño!», gritaba un espectador. Le hizo caso, rompió el saque del grandullón croata, jugó con pasión y cabeza, y se metió en cuartos de final, donde se enfrentará a otro joven en ascenso: el italiano Jannik Sinner. Es la tercera que vez lo consigue y abre el sueño de una semifinal y más allá. «No sé cómo lo he hecho», dijo después de la proeza. «Creo en mí todo el tiempo».

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Author: Pablo Perez