En una hábil maniobra, el presidente Sánchez le ha desbaratado el discurso a Alberto Núñez Feijóo que, sin duda, había preparado para su próximo enfrentamiento en el Senado. El PP ha pedido en numerosas ocasiones un relajo fiscal de amplio espectro, con el caso del gas en primera línea. En vez de ceder a sus pretensiones o acordar la medida con el líder de la oposición ha preferido regalarnos a todos la rebaja al 5% que soporta el gas, que pasa así a equipararse con la electricidad, que la disfruta desde la pasada primavera. La medida será recibida con contento general, pues supone un alivio para unos precios que se han multiplicado hasta lo impensable. Se podrá matizar que no es muy coherente eso de reducir el precio de un suministro, cuando en la misma declaración de ayer nos anunció nuevas medidas de recorte del mismo. Y existe un riesgo elevado de que la coyuntura por la que atraviesa el gas termine por arruinar el objetivo, como ha sucedido con la electricidad que, tras las numerosas ayudas decretadas, ha alcanzado en agosto su máximo histórico. Pero no están los tiempos para exquisiteces, cuando son muchas las empresas, y de sectores varios, que empiezan a anunciar recortes en su producción o incluso paradas de sus instalaciones productivas por culpa, precisamente, de los precios que marcan los mercados internacionales. Máxime cuando de momento el impacto lo están sufriendo más las industrias, pero enseguida empezarán a padecerlo las familias, en cuanto lleguen los fríos y se disparen las necesidades. Por otra parte, el coste de la medida es escaso para las arcas públicas, que esas sí que han tenido beneficios extraordinarios con esto de los precios de los productos energéticos. En efecto, 190 millones al trimestre es un ‘lujo’ que María Jesús Montero puede sacar del arcón público sin provocar graves apuros. El presidente aprovechó la ocasión para mandarle un recado a la patronal, tras las hoscas declaraciones de su vicepresidenta tercera, instándole a que llegue a acuerdos con los sindicatos en la negociación colectiva. Sería un logro muy beneficioso, pero eso de las expresiones etéreas de buenos deseos es una fórmula imbatible que, en ausencia de concreción, no acostumbra a dar resultados. También podía haberles recomendado que coman pocas grasas y que deje de fumar. Seguro que les sentaba bien.