En mi peregrinaje por Venezuela, abriéndole camino a la esperanza y a la ciudanización, visité la semana anterior una porción significativa de los asentamientos humanos ubicados al sur del lago de Maracaibo. Desde Agua Viva, en el estado Trujillo, hasta La Fría, en mi natal Estado Táchira, pude apreciar nuevamente las formidables planicies que desde el pie de monte andino se extienden hasta las mismas orillas de lo que fue el principal reservorio de agua dulce de nuestro país y del continente.