Cuando migrar es la única vía

Las lógicas que determinan la migración son más profundas de lo que queremos ver. Sus razones de ser son diversas, complejas, imbricadas en las comunidades, consideradas como el principal propósito una vez se alcanza la etapa de la adolescencia. No es un fenómeno rural o con especial preeminencia en el mundo indígena. Por tanto, las alternativas, si es que las hay en realidad, son muchas y en constante dinámica. 

Con mayor frecuencia he escuchado en los últimos meses relatos sobre las motivaciones para migrar en forma “irregular” a los Estados Unidos. Poco importan los riesgos existentes en el trayecto migratorio o la posibilidad de ser arrestado o deportado. Importa enviar menores de edad porque tienden a tener mejores posibilidades de llegar a su destino, además su envío es un tanto más barato. Los menores pueden ser retenidos, pero no encarcelados. Si un familiar que resida en el país de destino está dispuesto a recibirlo, el objetivo se cumple. 

Endeudarse o relacionarse con un coyote no es problema. Se han creado los mecanismos para que la deuda sea pagable y más bien es una inversión con alta dosis de efectividad. Si el coyote garantiza la llegada al destino de sus “protegidos”, él se vuelve una persona confiable y respetada, asegura más ingresos y establece un tipo de relaciones familiares y comunitarias que difícilmente podrán modificarse. Así se crea el círculo de la confianza. 

El aparente gasto es una inversión con un retorno casi asegurado en el corto plazo. Por tanto, el incremento del costo del coyotaje solo se ha traducido en la consolidación de esas redes como espacios donde la operación tiene más certeza que antes. Se conocen casos donde el coyote y su familia forman parte de las redes extensivas que apoyan y protegen a sus encargos. No por gusto son los encargados de llevar a menores no acompañados. Como sucede con otro tipo de actores que actúan en redes, la protección se da en doble día: yo los cuido, ustedes me protegen. Poco importa si este tipo de actuaciones es considerado ilícito o no; el sentido criminal se maneja fuera del entorno de interés, por tanto, es ajeno y no importa.

Ante este escenario dominante, alentar programas o iniciativas con base en las narrativas tradicionales no llevará a ningún lado. Me refiero al viejo adagio “hay que crear fuente de trabajo para desalentar la migración irregular”. Ese discurso se va como agua entre las manos, porque no corresponde con las motivaciones y formas asumidas e incorporadas en las profundidades de este país. Darles cara vuelta a esas realidades indica bastante más que crear válvulas de oxigenación que solo profundizarán el fenómeno de la migración. 

Si las nuevas inversiones se hicieran en los propios municipios, a partir de la producción, comercialización y valor agregado a lo que ya se hace en las mismas, el asunto podría cambiar para bien. Además, si los recursos se canalizan y motivan nuevos tipos de asociatividad orientados a fortalecer las prácticas colectivas, en lugar de promover fórmulas enlatadas y ajenas a los contextos. Cómo hacer más eficientes, generadoras de más ingresos, promotoras del desarrollo amplio y con pertinencia cultural (real, no solo en el lenguaje), son las preguntas relevantes que podrán generar cambios, quizás significativos.


En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez