¿Qué tan sostenibles son los tipos de dictadura que se labran en Centroamérica? La de Ortega-Murillo se consolidó en los últimos cuatro años borrando cualquier signo de disidencia, hasta golpear la Iglesia católica. Alineó empresarios e internacionalmente reforzó sus viejas alianzas con el bloque que encabeza China y con el mundo árabe, aunque en el hemisferio sus socios se cuentan con los dedos de una mano.
Ortega está por cumplir 77 años y no ha gozado de la mejor salud. Tengo presente una imagen suya con su esposa Rosario en los primeros años de su mandato —que ya sobrepasó los quince—. En un almuerzo de presidentes de Centroamérica en Managua, Murillo acercó su silla a la mesa exclusiva de los mandatarios, y se instaló. De manera frenética escribía sobre post-its que pegaba sobre las mangas de Ortega. En un santiamén la típica chaqueta negra de su marido quedó estampada con bandas amarillas. Los papelitos contenían mensajes que él debía recordar. Quizá en su memoria ya crecían demasiadas lagunas.
Los dictadores suelen ejercer el poder con su familia. Ortega opera con su esposa de vicepresidenta, y sus hijos integran el consejo de ministros de facto. Los altos ejecutivos del régimen no mueven una hoja sin el consentimiento de la familia. Es la aplicación del concepto de dinastía para perpetuar la dictadura, como los Somoza en el siglo XX.
¿Cuál es la consistencia de su base material? Venezuela y Cuba son una ruina porque la ideología es la carreta que va delante de los bueyes. Ortega ha sido pragmático con el capital y su aparato productivo es de primer piso. Quizá pueda sortear ese desafío.
La administración Bukele aún clasificaba como “régimen híbrido” a finales de 2021. Ni democracia ni dictadura. Pero en 2022 sigue imperturbable su ruta dictatorial. Podría extender el mandato por lo menos al 2029, cuando apenas esté arribando a los 48 años. Gobierna con su familia, pero no bajo el concepto de dinastía.
Su talón de Aquiles podría ser la base material. El Salvador es altamente dependiente de las remesas e importaciones de EE. UU. y con una economía dolarizada no tiene margen de maniobra monetario ni cambiario, mientras la deuda empieza a subir del cuello hasta la nariz. La ruta de escape a lo Houdini, a través de las criptomonedas, es de altísimo riesgo. Quizá se vea obligado a ralentizar la deriva autoritaria guardando ciertas formas democráticas, considerando que ya controla todo el poder político y goza de una popularidad muy significativa.
El régimen autocrático que se moldea en Guatemala ofrece singularidades. En su heterodoxia, es familiar (Giammattei/Martínez) pero no caudillista. Su principal debilidad es su aparente fortaleza: borró el Estado de derecho a una velocidad muy superior que El Salvador y Nicaragua. Precipitó la persecución política con lawfare sin terminar el zurcido de un Pacto corporativo imperturbable en décadas. Y en la euforia alimenta cuervos.