Fotografía de un retrato del hijo fallecido de Ana (nombre ficticio), el 9 de septiembre de 2022, en Caracas (Venezuela). Han transcurrido cinco años y en la casa de Ana parece que el tiempo no pasó. En el pasillo sigue intacta la marca del disparo de un policía que convirtió a su hijo, una noche de 2017, en uno de los 14.220 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales perpetradas en Venezuela desde 2012 hasta julio de este año, según la ONG Cofavic. Desde entonces a Ana -nombre ficticio de esta madre que prefiere mantenerse en el anonimato- le ha tocado “vivir con la pena” a cuestas. EFE/ Miguel Gutiérrez