El Bufón delirante y etílico que precedió al Ogro

Antes del Ogro y el Principito Azul que lo quería todo, todo, existió en el “país chiquito rebosante de minerales” un particular Bufón que reinaba entre copas, con la bendición de la mafia, la élite económica, militares y el narcotráfico. 

Era un particular comediante que vendió espejitos a su electorado con una falsa imagen de ni corrupto ni ladrón, pero demostró ser lo contrario, y entonces los juicios contra él y su familia empezaron a caminar y toda la comarca se enteró de ello. 

Los pregoneros periodistas además ejercían largas jornadas de investigación que demostraban sus desmanes y abusos de poder que cometió en contra de la salud, la educación, la niñez y adolescencia, la infraestructura vial y en contra del desarrollo del pueblo. 

En su gestión, el Bufón no soportaba la idea de que la justicia fuera en su contra solo por haber recibido unos milloncitos de los meros patrones a cambio de ofrecerles, entre malos chistes, que haría todo lo que quisieran, pero, sobre todo, defenestraría a uno de los paladines de la justicia y que era amado por el pueblo: un tal Iván, el Terrible. 

¿Cómo si yo soy el todopoderoso, cómo?, reclamaba el Bufón con rostro desencajado entre la resaca y el delirio. Y es que sus asesores castrenses le susurraron al oído y le dijeron que la gente mala le quería dar una patada a la espinilla para que saliera del poder y que, además, el pueblo era ingrato porque no comprendía que él, siendo cómico durante su vida, no sabía más que complacer a quienes le pagaron para amenizar la fiesta del despojo y el saqueo. 

Así que se embarcó en una misión financiada por los patrones y la mafia. Envió delegados a instancias por todo el mundo para alegar injerencia internacional, pagó asesores que sugirieron la ruta de expulsión del Terrible mientras pedía a su dios, a sus pastores y curas que le echaran la bendición. 

Hizo arder el paisito con represión, desalojos, quemas de hogares para niños y mentiras a través de su propaganda y se abrazó a las huestes castrenses, a quienes quiso como sus padrinos y socios. Tanto así que el Bufón usó chumpa militar que lo identificaba como el “comandante general” tal y como el Ogro la usa ahora en su reinado. 

Pero la historia de chiste se terminaba y el Bufón era cada día menos Bufón con poder. Los patrones le agradecieron sus oficios y la gracia de lograr la expulsión de Iván y a cambio le ofrecieron una vida plagada de impunidad. 

El Bufón entregó el reinado al Ogro y a su Principito Azul. En su discurso de despedida exclamó con un pestífero aliento a guaro: Excelentísimo Ogro, le dejo un país libre de injerencia extranjera en la justicia, las puertas abiertas para el saqueo y a mis patrones, que lo querrán tanto como a mí, pues usted seguirá con mi magna obra y que dios bendiga al paisito. 

Al Principito Azul le digo, salud… No, no, perdón. Le digo que nos veremos en el futuro como meros diputados. Ahí lo espero porque el pueblo me va a apoyar por haber expulsado a ese tal Iván. 

El Bufón salió de su cloaca y está de vuelta en la política de este “país chiquito rebosante de minerales”. 

P. D. Ratifico mi solidad a Chepe Zamora y a los periodistas que hacen su trabajo en beneficio de la libertad de expresión. 

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Author: Maria Suarez