Vale tan poco una sonrisa que darla cuesta nada, y negarla mucho (…) una sonrisa inmerecida, no tiene precio ni en el cielo ni en la tierra. Eso escribió alguna vez el poeta nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez sobre aquel popular gesto que denota alegría y satisfacción. Un gesto muy popular, pues de acuerdo con Paul Ekman (el mayor investigador de la historia de expresiones faciales) y un estudio suyo publicado a finales de la década de los 80, “todos sonreímos a menudo para expresar disfrute y satisfacción” por lo que “la sonrisa no necesariamente depende de la cultura a la que pertenezcamos”. Quizás de ahí nació la tan trillada frase —que no deja de ser cierta— de que la sonrisa es un lenguaje universal, aunque otro estudio más reciente al que hace mención un artículo publicado en el diario El País en 2013, revela que si bien la sonrisa es universal, la manera de percibirla varía dependiendo la cultura. Así, el estudio realizado con emoticonos, arroja resultados interesantes sobre la percepción de la sonrisa entre culturas occidentales y orientales. Por ejemplo, mientras los europeos y los americanos localizamos la expresión en la boca ;) o ;( los japoneses y chinos la localizan en los ojos ^_^ o ;_;. También un estudio sueco realizado en la Uppsala University concluye que “la sonrisa es evolutivamente contagiosa” y que ignorarla es “todo un desafío para nuestro propio cerebro”.
¿A qué viene todo esto? A que ha sido beatificado el papa Juan Pablo I, Albino Luciani, “el papa de la sonrisa”. El pontificado del último papa italiano hasta la fecha duró poco más de un mes y las teorías en torno a su mente han servido como comidilla para los medios, alarmistas y curiosos, aunque también para acercar a muchos fieles a la Iglesia católica. Fue el primer pontífice después del Concilio Vaticano II y sobre sus hombros cayeron muchísimas expectativas y ojos críticos. Suelo pensar que aquel Luciani sonriente y fugaz preparó en poco tiempo el camino para que un San Juan Pablo II longevo y recio llevara a cabo todas aquellas proezas por las que le recuerda la Historia.
En la ceremonia de beatificación, el papa Francisco hizo énfasis en la sonrisa de Luciani. “Con su sonrisa, el papa Luciani logró transmitir la bondad del Señor. Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, el rostro sereno, el rostro sonriente. Una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada”. Por eso Luciani será recordado así, simplemente como “el papa de la sonrisa”.
Hay quienes necesitan toda una vida para comunicar un mensaje. A otros, como a Luciani, le bastaron 33 días de pontificado para transmitir un sencillo y desarmante mensaje de cariño y optimismo que al día de hoy aún resuena, y que deberíamos tener presente ahora que somos fuertemente tentados para caer en una visión negativa de la realidad: Nos toca sonreír porque vale la pena sonreír.
Escribe el poeta mexicano Enrique González Martínez que “cuando sepas hallar una sonrisa en la gota sutil que se rezuma de las porosas piedras, en la bruma, en el sol, en el ave y en la brisa (…) sacudirá tu amor el polvo infecto que macula el blancor de la azucena, bendecirás las márgenes de arena y adorarás el vuelo del insecto, y besarás el garfio del espino y el sedeño ropaje de las dalias… y quitarás piadoso tus sandalias por no herir a las piedras del camino”.
Qué grande trascender y ser recordado por tu sonrisa.
@godoyesjd
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