A Jonas Vingegaard nadie lo esperaba. Ni su novia, convencida de que su tímido chico sería banquero y no corredor profesional. Ni sus padres, que veían cómo el joven danés siempre vomitaba por los nervios antes de las carreras de categorías inferiores. Ni el propio ciclista, que ha ganado el Tour de Francia e, incrédulo ante la magnitud de su obra, se ha hundido en un cuadro de ansiedad del que va a salir hoy en el Cro Race, dos meses después de una «explosión mental» que lo ha transportado a «momento muy duros». La salud mental, de nuevo en el epicentro de la vitalidad de los deportistas. El espectáculo público de s u duelo con Tadej Pogacar, ese carácter pétreo que le impulsó a derrocar al nuevo monarca del ciclismo, contrasta en Vingegaard con su retraimiento, su propensión al hermetismo y la soledad. En el podio de los Campos Elíseos tenía aspecto de conejillo asustado. Desde que ganó el Tour de Francia y aparcó a Pogacar en el segundo escalón, el danés ha mantenido un perfil bajo, alejado de los focos. Tres días después de presentarse al mundo en el podio de los Campos Elíseos, Vingegaard fue el protagonista de una recepción estelar en Copenhague. Miles de compatriotas se citaron en la plaza Radhuspladsen, en el centro de la capital, ante un deportista por momentos apabullado por la fama repentina que presenciaba extasiado el desfile de las fuerzas aéreas danesas en su honor. Noticias Relacionadas estandar No Ciclismo París celebra el triunfo de Vingegaard, el campeón que salió de la lonja Miguel Zarza estandar No Ciclismo Van Aert se da un homenaje en la crono y Vingegaard amarra el Tour Miguel Zarza Desde ese día, Vingegaard desapareció. Ni siquiera aprovechó la estela de su éxito para ganar dinero en los criteriums posteriores al Tour que se celebran en Holanda, Bélgica o Alemania, donde no existe competición como tal, no hay riesgo de caídas o lesiones y se trata solo de una pasarela para bendecir a los héroes del Tour en países con una gigantesca tradición ciclista. Todos los vencedores del Tour han hecho caja a lo largo de la historia en esas primeras semanas de agosto. Todos, menos Jonas Vingegaard, quien prefirió recluirse en su pueblo, Hillerslev, una localidad de 43.000 habitantes al norte del país, en vez de disfrutar del elixir de la fama. Un mes después de su coronación en Francia, se esperaba la rehabilitación del ciclista en la Vuelta a Dinamarca (16 al 20 de agosto). Una situación de confort y favor para él, tan emocionado como estuvo con la salida del Tour de Francia de su país. Pero Vingegaard no se presentó . Se excusó en la televisión danesa: «Me hubiera gustado participar en la Vuelta a Dinamarca, pero me di cuenta de que aún necesitaba descansar. Cuando ganas el Tour, es una especie de explosión mental lo que te sucede. Es muy difícil hablar con los medios y los fanáticos todos los días. Es genial, pero también muy agotador». La salud mental, a escena. En los medios daneses se especuló con el problema del ciclista para asimilar un éxito para el que no estaba preparado. Su director en el Jumbo-Visma ratificó el obstáculo. «Jonas pasa por momentos duros y hay que esperar a que se recupere». En la misma línea se expresó su compatriota y corredor del Quick Step, Michael Morkov: «No hay duda de que está exhausto». Vingegaard no ha disputado el Mundial , aunque su seleccionador Anders Lund lo reclamó como líder de Dinamarca. Reaparece ahora en el Cro Race, seis días de media montaña en Croacia, junto a seis jóvenes holandeses del Jumbo. «Necesitaba un descanso después del Tour, así que me tomé un mes libre y disfruté de la vida -ha comentado Vingegaard en la previa de la carrera en Croacia-. He estado entrenando en España durante el último mes para prepararme para el final de la temporada. Mi principal objetivo en esta parte del año es el Giro de Lombardia , y la CRO Race va a servir como una gran preparación para esa carrera. La configuración de la carrera es muy buena porque hay muchas subidas, a pesar de que ninguna etapa termina con un gran final en la cima de una montaña».