Escribir sobre el celo del corzo y su caza en un medio generalista da cierto rubor por el tema en cuestión, y porque no me considero un experto sino un simple aficionado y aprendiz a la modalidad. Noticia Relacionada Solanas y umbrías estandar Si El corzo en pocas palabras Empezaré con la parte mala, y es que existen muchas razones para no engancharse a esta forma de caza. En primer lugar, que los períodos aprobados por las diferentes comunidades autónomas suelen cortar en el momento álgido del celo, que va de mediados de julio a mediados de agosto. Otra cuestión a tener en cuenta es que nos quedasen precintos a estas alturas de la temporada, y luego, la más importante, son las ganas. La caza del corzo se asocia a verdor y a campo mollar , a madrugones con olor a primavera y a tardes frescas en las que el jersey y el polar se agradecen. La caza en celo del corzo representaría la antítesis de todo eso. Calor y moscas serían nuestros aliados, con lo que el tesón y la paciencia de aguantar medio día o día entero en el monte, con un calor infernal, no serían del agrado de muchos. Pero además nadie nos va a enseñar a hacerlo, uno tiene que ser autodidacta en la materia. Con lo que de un plumazo un porcentaje importante de aficionados se caerá de la ecuación. Para los valientes que queden y que no hayan probado, me resta animarles a que vean y lean todos los tutoriales de internet, manuales y libros sobre el tema para que se les vaya despertando la curiosidad y se formen. La ACE (Asociación del Corzo Español) acaba de reeditar el mejor libro al respecto, ‘Los secretos del arte del reclamo del Conde Munster’, que regala a sus socios. La caza del corzo es relativamente nueva en España. Me atrevería a decir que los primeros que la disfrutaron fueron los de finales de los años setenta , cazadores españoles que viajaron a Inglaterra, Francia y Alemania en verano, donde atónitos vieron a los guardas coger una hoja de haya que hacían sonar con destreza y meter un corzo a los pies atraídos por el sonido de la hembra en celo. Algunas temporadas después, se trajeron a esos afamados guardas a España, y disfrutaron de esta bonita caza. La filosofía de la caza del reclamo del corzo es la opuesta a la de la berrea del venado , la ronca del gamo o la caza con el perdigón. En éstas, el sonido que se imita para atraer a otros congéneres de la especie que se cazan es el del macho, mientras que en el corzo es el de la hembra y en algunos casos el del corcino. Por tanto, es la hembra la que lleva la voz cantante y se desplaza y entra en el territorio del macho llamándole para decirle que está receptiva. Los corzos cubren a varias hembras durante el periodo de celo. La época de caza en la meseta va del 20 de julio al 15 de agosto. Ver carreras a principios de julio no es sinónimo de celo. No hay que tocar antes porque los corzos aprenderán. Aún así, habrá días buenos y otros en los que no hagan ni caso. La densidad de animales no es relevante para esta caza ni el ‘sex ratio’ tampoco. Los sonidos Tipos de reclamo: Hoja de haya, fuelle, lengüeta y silbato. Suenan muy parecidos. La dificultad de unos y otros es la clave para elegir con cuál tocar. Para iniciarse, el simple ‘butollo’ de fuelle valdrá. Hay que practicar antes de salir y llevarlo colgado para no perderlo. Los tres toques: Corcino o gamitado (Kitz): sonido corto y agudo. Macho encelado con corza parida. Ella vendrá y arrastrará al corzo. Corza joven o adulta (Fiep, Sprengfiep): sonido quedo de contacto para el macho avisando que está preparada. Inicio del celo. Corza acosada (Angstgesrchrei): sonido de la hembra acosada por un macho, otro irá al engaño. Fuerte. Final de celo. El reclamo funciona mejor en las horas centrales del día, en los de calor. Si se madruga mucho no quedarán ganas para después. Más que una buena melodía, lo que hace triunfar es la perseverancia. Hay que buscar un emplazamiento con alguna clara, estar bien camuflado y tocar durante 10-15 min. Algunos entrarán recelosos y otros al galope. Careta, antimosquitos y agua en la mochila no deberán faltar.