En el largo plazo… van a elegir a otro

¿Por qué fracasan los países? Muchos académicos le han dedicado incontables horas a contestar esta interrogante. Dependiendo del área en la que se desempeñe este o aquel erudito las explicaciones pueden ir desde una variable cultural a una geográfica pasando por la historia y la desigualdad. Además, por supuesto, de las explicaciones multicausales, Sin embargo, es en estos últimos años que la academia parece haber llegado a un consenso. Muchas de las variables anteriormente mencionadas, amén de otras, contribuyen a determinar la prosperidad de un país. Empero, hay una que parece ser decisiva: la naturaleza de sus instituciones.

Cuando no existen incentivos para cultivar un proyecto a largo plazo este puede convertirse en un mero ejercicio de extracción de renta. Si lo que hace usted hoy va a ser problema de otro mañana lo más probable es que no ponga demasiado empeño en hacerlo bien. Algo parecido ocurre con parte de nuestro sistema político. Al no existir ni la reelección presidencial ni el requisito de negociar constantemente una mayoría para poder gobernar los ejecutivos de turno tienen todos los incentivos del mundo para pensar a corto plazo. Bonos, préstamos y hacer del presupuesto una “piñata” permite a la camarilla de turno extraer toda la renta que le sea posible del Estado. De todas maneras, las nefastas consecuencias para el entorno institucional, el crecimiento económico y desarrollo del país recaerán en gobiernos venideros, al igual que su abultada factura. 

Esa mentalidad extiende sus tentáculos a toda la administración pública. El servicio civil tiene un alto nivel de rotación cuándo debería de ser una burocracia de carrera. Además, la dirigencia del mismo se mantiene en su puesto no por idoneidad sino por privilegios sindicales. Una planificación de más de cuatro años es una empresa inviable para una administración pública que no se marca objetivos, cuantifica su progreso y realiza una labor continua.

Deben plantearse cambios a nuestro sistema de gobierno que, aunque quirúrgicos, obliguen a los políticos a pensar a largo plazo. Ello, buscando que su permanencia en el poder dependa de la construcción de consensos continuos. Verse obligado a hacer políticas de Estado empujaría al sistema, por inercia, a reformarse a sí mismo. Se tiene que repensar la estructura del ejecutivo y su burocracia subyacente para que este empiece a planificar más allá del periodo presidencial en vigencia. Hasta que los incentivos no cambien y el país siga siendo “problema de otro” el subdesarrollo seguirá siendo problema de todos. 

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Author: Maria Suarez