Dice Juan Antonio Pérez Bonalde, en su poema Vuelta a la Patria dedicado a su hermana Elodia, con interesantes versos: “Madre, aquí estoy: de mi destierro vengo/ a darte con el alma el mudo abrazo/ que no te pude dar en tu agonía;/ a desahogar en tu glacial regazo/ la pena aguda que en el pecho tengo/ y a darte cuenta de la ausencia mía./ Madre, aquí estoy; en alas del destino/ me alejé de tu lado una mañana,/ en pos de la fortuna/ que para ti soñé desde la cuna;/ mas, ¡oh, suerte inhumana!/ hoy vuelvo, fatigado peregrino,/ y sólo traigo que ofrecerte pueda,/ esta flor amarilla del camino/ y este resto de llanto que me queda./…” Sin dudas, todo destierro genera el sufrido lamento de dejar el terruño gentil que da su nacionalismo; y es ingrato ese lamento por la ausencia, aunque sea provocada por extrañas circunstancias, como las generadas por el fatídico régimen “socialista del siglo XXI”.