Los medios de comunicación y nuestra persistente crisis política popularizaron a los “ni -ni”, interpretándose como un segmento del electorado que no votaba por ninguno de los bloques en conflicto. Pero hay otros “ni -ni” que me parecen más reales, aquel creciente número de jóvenes que ni estudia, ni trabaja. Los datos dados a conocer por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida y por PROVEA en los últimos años sugieren una impresionante deserción escolar en todos los niveles y una escandalosa manifestación de la precariedad laboral, el sub empleo y el desempleo entre los jóvenes con edad para trabajar.