Nos movemos en un tiempo dilemático entre el bien y el mal, sometidos al ataque perverso contra las tradiciones que han hecho grande a las naciones; asistimos a la agresión artera, por parte de un presunto nuevo orden globalista, a los valores de occidente que dan sentido a una vida digna. El totalitarismo hace tabula rasa para crear sus propios significantes y significados. Sabemos comprobadamente que desde la tradición se legitiman y estructuran sanas y potentes sociedades.