La desaparición forzada es unos de los delitos más graves y aberrantes que se pueden cometer. De acuerdo con la Convención Interamericana, la desaparición forzada se define como la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes. Como se puede observar, desde una perspectiva de derechos humanos y justicia, este tipo de hechos son ignominiosos y ningún país del mundo los debería tolerar.
En el caso particular guatemalteco, durante los 36 años de conflicto armado interno, estos hechos, de acuerdo con el Informe Guatemala Memoria del Silencio, alcanzaron a 45 mil personas que continúan desaparecidas, hombres, mujeres e, incluso, niños y niñas.
Cada una de las historias que subyacen a la desaparición forzada es indescriptiblemente cruda, como se puede observar en cada uno de los casos contenidos en el Diario Militar o Dossier de la Muerte (en el cual, el Estado ha recibido condena por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos). Este caso es uno de los más emblemáticos de América Latina, por la crueldad y el miedo que generó a disidentes políticos. Las personas capturadas fueron interrogadas y sometidas a torturas y otras formas de trato cruel e inhumano; varias fueron ejecutadas, mientras otras fueron desaparecidas forzosamente. Existió una estrategia total de terror e inteligencia promovida desde las más altas cúpulas del gobierno.
Uno de los tantos casos de desaparición forzada durante estos sangrientos años es la desaparición de la familia Portillo y otras. En 1981, fueron desaparecidas Rosaura Margarita de 10 años y Glenda Corina de 9 años, su papá Adrián Portillo Alcántara de 70 años, su esposa Rosa Elena Muñoz Latín, Edilsa Álvarez Morales de 18 años una cuñada y su hermanita Alma Argentina de un año y medio. ¡Tres niñas menores de 10 años!
Más de 5 mil niños y niñas fueron desaparecidas durante el Conflicto Armado Interno, entre ellas Rosaura, Glenda y Alma Argentina. El 11 de septiembre de 1981, durante una fiesta infantil, el aparato de seguridad e inteligencia estatal sacó de su casa a la familia, utilizando toda la fuerza y brutalidad que le caracterizaba; y nunca se ha sabido su paradero. Adriana Portillo-Bartow, mamá de Chaguita y Glenda, ha luchado y ha alzado la voz durante más de 30 años para que este crimen no quede en la impunidad. Su voz ha denunciado permanentemente un crimen tan atroz. Ojalá que su denuncia siga siendo escuchada y que ella, al igual que otros familiares de personas desaparecidas, encuentren el camino de la justicia. Por Chaguita, Glenda, Adrián, Rosa Elena, Edilsa, Alma Argentina, Leopoldo Cabrera, Otto Estrada, Manuel Mendoza, Ana Elisabeth Paniagua, Gustavo Meza, Clara Luz Tena, Luz Haydee y Félix Estrada.
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