La jauría

Estos días son aciagos para los demócratas, los principios elementales del buen gobierno —nunca hemos tenido más que eso y escaso— son arrasados por avaros agentes de la contrahumanidad. Asistimos al reacomodo y vuelta a la “normalidad” de politicastros en el ejercicio de la cosa pública, hoy como ayer, con anhelos de poder eterno. Aplaudidos desde la cúpula empresarial y la mara de la novena. Así, industriales felicitan al presidente por la marca país. Vaya logro. Ninguna crítica por no elección de cortes, menos por pérdida de dineros en vacunas, puentes rotos y oscuros bolsillos. Es la reiteración de viejos amores. El círculo impúdico pretende legitimarse, vía atole con el dedo: reparto de bolsas con alimentos, machetes a campesinos en sobrevivencia “como nunca en la historia”. Abrazo incluido. Una mofa al hambre. 

Desde la “sociedad civil”, una conocida jauría sale del clóset para hacerse notar y obtener el aplauso de los señores. Dedican su diatriba a vituperar jueces y fiscales procesados o en el exilio, al ex-PDH y a Jose Rubén Zamora. La jauría es de escaso cacumen político, sin más mérito que servicios al Pacto de Corruptos. Incorpora a pastores de culto, payasos de ocasión, ministros sobalevas, un esperpento y consorte, oenegeros de la impunidad y procesados por delitos comunes. La estofa es representativa de los círculos de Dante: desde generales a tramitadores de aduanas, pasando por vendedores de artículos robados. Promotores de cielo falso. Eternas candidatas. Abogados del torcido y otros especímenes. Su denominador común es el apego al dinero ajeno. Con zalamería saludan al poder actual, mañana loas y aplausos a quien convenga. Hipócritas. Sin más discurso que el ridículo. Se solazan de la pasmosa calma chicha que vive la sociedad. Una sociedad amorfa, afirmé alguna vez…, esperando tener que tragarme aquellas palabras. Lo cual ocurre de vez en vez, cuando la enjundia enciende en los interiores del pueblo. Lo cual parece próximo. El voto de rechazo como primera estación. La neblina de hoy abre paso al sol de mañana.

Personajes de la estatura moral y política de Thelma Aldana, Jose Rubén Zamora, Juan Francisco Sandoval, Erika Aifán, Virginia Laparra, Jordán Rodas, Daniel Pascual, David Maxena, Rigoberto Juárez, y una cohorte de jueces probos, dirigentes sociales, campesinos y de pueblos indígenas. Todos: ellas y ellos, defensores de la democracia plural. La jauría tiene el papel de deslegitimarlos con estridencia y sorna. No lo lograrán. La carpa de su circo volará raída, en el medio de los cálidos vientos de la próxima restauración democrática en el país. 

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Author: Maria Suarez