Por fin, después de casi un mes de concentración y de dos semanas largas de campeonato, a Sergio Scariolo se le escapó una sonrisa. Tensión liberada tras acabar la final con una victoria para el recuerdo. Feliz por un oro que no es uno más en su palmarés. Brilla con luz propia porque lleva detrás mucho trabajo. Un verano en el que su labor ha sido más importante que nunca y que le corona como el mejor seleccionador de la historia de España, a la altura de leyendas del banquillo como Gomelski, Ivkovic o Nikolic. Ocho metales en diez campeonatos. Cinco en Europeos, dos en Juegos y una en el Mundial. A Scariolo se le fichó en 2009 con la misión de lograr el primer oro continental de España. Objetivo que cumplió a las primeras de cambio, y que repitió dos años después, arrasando en el Eurobasket de Lituania. Una primera etapa en el banquillo nacional que concluyó con la plata olímpica en los Juegos de Londres y que solo tuvo el borrón del Mundial 2010, el del triple lejanísimo de Teodosic. Aquellas alegrías encontraron continuidad a partir de 2015, cuando comenzó su segunda aventura como seleccionador. Periplo que no vislumbra su final y que ha alcanzado en Berlín su obra más perfecta. Es difícil calibrar si por encima del oro continental de 2015, arrebatado a Francia en su casa, o del título Mundial de China 2019. Gestas, en cualquier caso, a la altura de esta medalla en el Europeo 2022, conseguida por un equipo en reconstrucción con el que nadie contaba para el podio. Un grupo alejado del talento de antaño en el que el colectivo ha sido el arma principal. El trabajo maestro de Scariolo que comenzó a escribirse hace mucho tiempo. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP 3200 Código APP Nada se improvisa en este equipo, donde todo se estudia y se mide al detalle. Pocas cosas se dejan al azar. Planificación que no para en ningún momento. 365 días al año. «Nosotros hacemos un seguimiento de los jugadores siempre. Manejamos una lista de 30 o 40 posibles nombres que pueden venir al equipo en las ventanas o en los torneos y nos los distribuimos entre los diferentes entrenadores que formamos parte del área técnica. Hacemos informes periódicos cada mes y medio o dos meses, que son semanales cuando se acerca la competición. Con eso, Sergio decide la lista final y se empieza a trabajar con ella», explica a ABC Luis Guil , uno de los asistentes en este Eurobasket, junto a Ángel Sánchez-Cañete, Víctor García, Jorge Lorenzo y Manolo Aller. Adaptarse al jugador En Bolonia, cuartel general de Scariolo desde el verano pasado, se centralizan esos informes y se toma la decisión final, consensuada por el italiano con su mano derecha. «A partir de ahí, se elabora un libro táctico de ataque y de defensa en función de los jugadores que vayan a venir. No es lo mismo contar con Pau, que tiene unas características, que hacerlo con cualquier otro jugador. Ese libreto se une a la filosofía y la base de la selección, que es siempre la misma y que no cambia desde hace décadas. La esencia que se transmite de generación en generación», apunta Guil, que se incorporó por primera vez al equipo en las ventanas de clasificación del Mundial 2019. Aquellos partidos que provocaron un conflicto entre la FIBA y la Euroliga y que se han revelado claves en el devenir del equipo nacional. «Todos esos que han pasado por las ventanas luchan y pelean por la clasificación sin saber si van a ir o no al campeonato siguiente. Si lo hacen, bien. Y si no, no pasa nada. Volverán a las ventanas con motivación, ganas e ilusión, porque se sienten parte de este equipo», señala Scariolo. Sentencia que es una realidad, pues después del Mundial 2019 la federación regaló una reproducción de la medalla a cada uno de los que participaron en la clasificación. El cilindro táctico En Georgia y Alemania, hasta seis jugadores de las ventanas han formado parte del equipo nacional, lo que explica la importancia que tienen esos partidos que a veces pasan desapercibidos para el aficionado. En ellos se ensaya ya con muchos de los sistemas que luego irrumpen en los grandes partidos. Sistemas defensivos que se trabajan en la sombra, que permanecen dormidos en el «cilindro» -como llama Scariolo a su archivo táctico- y que luego salen a la luz solo si es necesario. «Lo que se ve en la cancha en un partido como el de Lituania, Alemania o Francia no es algo que se improvise la noche de antes, son defensas que se han ensayado mucho en los entrenamientos», explican desde el cuerpo técnico. Luego es el italiano, alma y director de orquesta, el que las pone en marcha, eligiendo siempre con sabiduría. Rompiendo el ritmo de los partidos y llevándolos a su terreno. «Es el mejor de la historia. No hay duda. Tiene contrato hasta 2024 y queremos que siga muchos años más», reconoce Garbajosa , presidente de la Federación, satisfecho por contar al frente del equipo con una leyenda de los banquillos como el italiano.