En El ocaso de la democracia o la seducción del autoritarismo, Anne Appelbaum señala que, “dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede dar la espalda a la democracia”. Destaca de Hannah Arendt, la primera filósofa política en estudiar el totalitarismo en sus muchas facetas, la descripción que hace de la personalidad autoritaria (Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Alianza, 2006). Se trata de un individuo radicalmente solitario sin vínculos sociales ni familiares ni amistosos, cuyo sentido en el mundo y su ubicación se reducen a su filiación a un partido o su pertenencia a un movimiento.