Largas noches lluviosas

Las temporadas lluviosas se agravan cada cierto número de años, con su carga de moho, humedad, resfríos a una población que luego de dos años de protegerse de los virus en el aire ha regresado a la normalidad expuestos a contagios comunes de simple calentura, catarro o gripe, amén de los nuevos bichos que se han mezclado en el panorama. Una semana tras otra vemos que sale el sol, empieza a mejorar el ambiente, y reanudan las lluvias que han estado inundando la tierra. 

La televisión muestra los estragos que el huracán Ian provocó en la isla de Cuba, la devastación, y la manera como los residentes en la Florida buscan espacios más seguros donde refugiarse, porque la fuerza incontenible de la lluvia no perdona a nadie. Países pobres o ricos, igual reciben el embate de los elementos. En Guatemala, aunque no fuimos impactados directamente, nos toca recibir el efecto residual de una cantidad enorme de agua que se mete dentro de la tierra, busca salidas provocando agujeros, ocasiona deslaves, derrumbes y destrucción. Es la Naturaleza actuando sin freno.

Guatemala está asolada por la emergencia, actuando con los recursos y habilidades de cada institución para sobreponernos a la tragedia, mientras los políticos que aprovechan cualquier accidente climático para lucir su fina estampa acusan a diestra y siniestra a sus enemigos.

Gente viviendo en bordes prohibidos a la orilla de barrancos, en el borde de ríos que arrastran drenajes, están en peligro, pero no obedecen las alertas de las instituciones creadas con dicho propósito y se aferran al espacio conquistado en alguna de las invasiones pasadas, de los días del terremoto del 76 u otras acechanzas. Son muchas las historias que cuentan las familias que habitan en dichos lugares peligrosos, en condiciones difíciles, porque llegaron a la tierra y la tomaron tal cual estaba, sin nada. Construyeron poco a poco con block y lámina sus viviendas, y entienden que el peligro existe, que una lluvia pertinaz puede acabar con ellos, pero no se trasladan porque defienden su conquista como un logro para heredar. 

Los asentamientos o comunidades en todo el país, visibles en la periferia de las ciudades grandes o medianas, son ciudades amuralladas, donde hasta la autoridad está vetada, y se gobiernan con el poder de sus habitantes. Pero cuando los elementos se ponen en contra, les toca repensar el futuro. Lo increíble es que aún con la oportunidad de un espacio formal en otro lado, no se mudarían porque el peligro está siempre presente en la realidad, no es una novedad, y vivir entre la vida y la muerte es algo inevitable. 


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Author: Maria Suarez