La inflación y las expectativas de inflación están profundamente interconectadas. De hecho, en 2019, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell , afirmó que «las expectativas de inflación son el factor más importante de la inflación real». Destacar este punto, sin embargo, también tiene mucho de reparto de responsabilidades por parte de los banqueros centrales: si las expectativas son importantes, la política monetaria no basta para sofocar un incendio inflacionario. Eso quiere decir que otras políticas (acciones) deberían entrar en juego para que la gente crea efectivamente que los precios se van a tranquilizar. Y en ese sentido, hay decisiones políticas que influyen: una señal potente en España es el compromiso del Gobierno con el reajuste de las pensiones que los beneficiados esperan que compensará totalmente su pérdida de poder adquisitivo. En sentido contrario operarían las tasas sobre beneficios extraordinarios que buscan aplanar precios, cosa que está por demostrarse. Mientras en el largo plazo la correlación entre la inflación y sus expectativas es estrecha, hay momentos en que las mediciones de corto plazo muestran divergencias. Un artículo reciente de Carola Binder y Rupal Kamdar explora esas desviaciones en EE.UU., examinando distintos períodos históricos. ¿Por qué esto es importante? Binder y Kamdar escriben: «Si las expectativas de inflación fueran precisas y ajustadas en tiempo real con las tasas de interés nominales, sería difícil para la Reserva Federal modificar las tasas de interés reales. Por lo tanto, la conducción de la política monetaria moderna se basa en la comprensión de las expectativas de inflación». En su estudio, narran lo que sucedió durante la pandemia. Al comparar el IPC normal con un ‘IPC Covid’ que recoge la evolución de los precios en una canasta ajustada al tipo de consumo que indujo el Covid-19 (sin salidas a comer o entradas al fútbol, por ejemplo), se descubre que el ‘IPC Covid’ fue más alto que el otro. Los consumidores sufrieron una inflación más alta de lo que sugeriría la medida oficial. El Banco Central Europeo (BCE) ha creado una Encuesta de Expectativas del Consumidor que está en fase de pruebas en seis países: Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y España. El resto de los países del euro se irán sumando si el piloto se muestra útil. La última encuesta, realizada en julio y difundida a comienzos de este mes, muestra que las expectativas de inflación de los consumidores para los próximos doce meses se mantienen sin cambios, mientras que el indicador a tres años vista aumentó. Esta discrepancia podría sugerir que la población está dudando sobre sus estimaciones y se abre a replantearlas. Tradicionalmente, las expectativas han estado muy por debajo de la tasa de inflación percibida, lo que revela la inercia de la situación de estabilidad de precios que teníamos. Esta divergencia va disminuyendo a medida que el horizonte se extiende hacia el futuro. [email protected]