No se acuerda de qué le dijo a Nadal ni de qué le dijo este en la red. Ya estaba llorando cuando se acercó a recibir la felicitación del balear tras superarlo en octavos. Dos días más tarde, más emoción, más lágrimas; sus primeras semifinales de un Grand Slam tras destruir la maldición Nadal -esa que dice que pierdes el siguiente partido tras vencer al español- y apartar del grupeto de los cuatro mejores del US Open a Andrey Rublev -también lágrimas en su despedida en un año complicadísimo para los rusos-. Cómo no iba a emocionarse Frances Tiafoe , 24 años y 26 del mundo, cuando alcanza este sueño tenístico que empezó a dibujar con raquetas que no eran suyas, de un tamaño que no le pertenecía, cuando dormía en una mesa plegable improvisada en una oficina donde trabajaba su padre, Frances, responsable de mantenimiento del Junior Tennis Champions Center de College Park, en Maryland, a pocos kilómetros de Washington, mientras su madre, Alphina, hacía dobles turnos como enfermera en un hospital. De ahí surge este Tiafoe que muestra musculatura tras cada encuentro, para demostrar al mundo que la transformación es posible. Que se puede vivir ese ilusionante viaje desde Cenicienta hasta príncipe del tenis. Desde Sierra Leona hasta la semifinal del US Open. Sus raíces están plantadas en el país africano donde nacieron sus padres. Frances trabajó en minas de diamantes hasta que decidió huir de un país asediado por la guerra civil. A Alphina le tocó en 1996 un billete todavía más preciado que cualquier lotería: una ‘carta verde’ que otorgaba un visado para los Estados Unidos. ¿Las probabilidades? Una entre millones de solicitudes. Noticias Relacionadas estandar No Tenis Alcaraz: «Sinner y yo hemos demostrado hoy que somos el presente» Javier Ansorena estandar No Tenis ¿Qué necesita Alcaraz para ser el número 1 más joven de la historia? L. M. Una vez instalados en tierras estadounidenses, nacieron Frances y Franklin, el 20 de enero de 1998, y el progenitor encontró trabajo en el centro de tenis que todavía se estaba construyendo en Maryland. Su empeño y dedicación lo llevaron a obtener un puesto permanente como conserje. Y allí, en una oficina improvisada, con camastros plegables y tablas, pasaban cinco noches a la semana Frances y Franklin. Las otras dos, con mamá y otros familiares en un apartamento de una habitación en Hyattsville. De lunes a viernes, había niños con chóferes, ropas de marca, bromas que le hicieron sentir que no pertenecía a ese mundo. Y aun así, el golpeo de la pelota encendió la pasión de Frances. Crecer viendo ganar Grand Slams a Serena y Venus Williams fue el otro acicate. Si sentía envidia de aquellos otros niños, se lo curaron sus padres con un viaje a Sierra Leona cuando tenía ocho años. La pequeña oficina era un palacio en comparación con todo aquello. «Tenía infinitas oportunidades», se dijo el tenista, y corroboró su padre: «Esos niños de la escuela de élite tienen todo, pero tú te lo puedes ganar». Al más puro estilo estadounidense de uno se hace a sí mismo, para después ayudar a romper barreras sociales de mayor. Tiafoe tuvo su primera raqueta en propiedad con 12 años, ya cierto nivel de tenis como para que un patrocinador se fijara en él. Con 15, el más joven campeón de la Orange Bowl, uno de los torneos más prestigiosos de categorías inferiores. Su entrenador de aquellos primeros años adolescentes, Misha Kouznetsov, incluso le pagaba las inscripciones a los torneos. Con 21 años, la revolución: primeros cuartos de final en un Grand Slam, en el Abierto de Australia. Ya había tomado prestada la moda de arrancarse la camiseta tras ganar de su ídolo LeBron James y alucinó cuando este celebró su victoria por redes sociales. «Sabe quién soy». Hace unos días, el mensaje fue directo a su móvil: «¿Me hago el interesante no respondiendo todavía?», bromeó. Se pone serio en sus reivindicaciones sociales. Ha colaborado con la escuela donde empezó para llevar el tenis a zonas desfavorecidas. En su vídeo, «Raquetas abajo, manos arriba», reunió a otros tenistas para protestar por la violencia policial contra los negros en Estados Unidos. MÁS INFORMACIÓN noticia No Cuándo juega Alcaraz: fecha, horario y rival del partido de semifinal del US Open Con pasión por la NBA -algunos jugadores como Bradley Beal han pasado estos días a saludarlo- y más pinta de boxeador que de tenista, su juego es rápido y potentísimo. Ahora acompaña la cabeza y, sobre todo, la confianza. En su palmarés asoma un ATP 250 de Delray Beach, de 2018, pero el crecimiento es constante y progresivo. El salto de profesionalidad en todos los sentidos lo subraya su entrenador Wayne Ferreira, extenista: de los dulces a la disciplina. En Australia 2019 reconoció estar hecho un flan en su choque contra Nadal; perdió. En este US Open apuntó desde la previa: «Ahora creo de verdad que tengo opciones de vencerle». Un órdago, en la mayoría de los casos, que él hizo realidad. Otro capítulo de ese cuento feliz que sigue escribiendo. El siguiente, Alcaraz, quizá la final. El lunes, top 20, el sueño que surgió en una cama plegable.