Mario, el preso de la celda 187 de la cárcel de Crimea

Un número resuena con fuerza en la cabeza de Mario desde hace seislargos y angustiosos meses. El 187. No se trata de una fecha especial en su vida ni en la de sus hijos, sino del dígito que aparece en la puerta de la celda en la que se encuentra preso, a la espera de formar parte de un intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania. Mientras se recrudece la contienda, este exfuncionario español de 74 años, que se enroló en un viaje espiritual como voluntario en 2014 tras prejubilarse, permanece «abandonado a su suerte«»en la cárcel de máxima seguridad de Simferópol (Crimea). En la 187, Mariano García Calatayud -allí le conocen como Mario por la dificultad idiomática a la hora de pronunciar su verdadero nombre- ansía cada mañana ver el sol junto a su amiga Olena, la persona que encabeza la ‘guerra paralela’ para conseguir su liberación. «Está vivo y preso en Crimea. Hablé con un ucraniano que estuvo en la misma celda. Un poco más estropeado y desnutrido», relataba el último mensaje de su fiel compañera, sabedora del «peligro» que el septuagenario valenciano corre en la prisión preventiva de Simferópol, controlada por las tropas de Vladímir Putin y donde subsisten cerca de 1.800 presidiarios en un espacio diseñado para poco más de 700. Su mejor amigo y portavoz de la familia, Francisco Santisteban, confirma que, a la luz de las últimas revelaciones sobre su paradero , la Fiscalía ha abierto una investigación y Cruz Roja Internacional ha iniciado los trámites para conocer más detalles de su situación y, por ende, poder tramitar un posible intercambio entre reclutas de ambos bandos del conflicto bélico. «La sensación que tenemos es que primero el Gobierno de España debe exigir a Rusia la confirmación oficial de que lo tienen preso», matiza su allegado. «Este hombre ha estado abandonado a su suerte. Ahora es cuando se están empezando a mover las Administraciones», critica Santisteban después de medio año de silencio e inoperancia por parte de las instituciones públicas. Al respecto, la Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana ha instado a Cruz Roja y al Ministerio de Asuntos de Exteriores a que corrobore la presencia de Mario en la cárcel de Crimea, aunque desde el departamento dirigido por José Manuel Albares insisten en que no tienen «información contrastada», aunque sí «están en contacto con la esposa y las autoridades del gobierno legítimo de Ucrania». El 19 de marzo, mientras Valencia celebraba la festividad autonómica de San José, Mario protestaba en la plaza consistorial de Jersón contra la invasión rusa, al unísono de los bombardeos y el avance de los tanques en la ciudad a la que emigró hace ocho años y donde es considerado todo «un héroe español». Entre el tumulto y el sonido de los disparos, varios soldados le apresaron y le subieron a un coche. A partir de este momento, el silencio y el miedo se apoderaron de una familia que le rogó en repetidas ocasiones que regresara a España ante el estallido de la guerra. «El papá no va a volver, el papá sabe cuidarse solo», se justificó. En una entrevista en ABC, publicada el 1 de marzo, confirmó que «ayudaría a Ucrania hasta la muerte». De hecho, además de entregar víveres, ropa y medicamentos, llegó a alistarse a las milicias para velar por la seguridad nocturna de los habitantes del pueblo que le dio una segunda vida.

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Author: Pablo Perez