Mija

Si hay un admirado y también vilipendiado estadista que en apenas cinco años de gobierno (1985-1991) marcó el mundo para bien y para mal no solo en cuanto al destino de su país, sino en cuanto a las consecuencias que ello tuvo para el resto del planeta, fue el recientemente fallecido Mijail Gorbachov (popularmente llamado Mija o Gorbi), dirigente máximo del Partido Comunista y presidente de la URSS hasta su disolución en 1991, lo que inició un reposo de veinticinco años en la guerra fría que tanto Churchill como Truman habían declarado unilateralmente contra la Unión Soviética en 1947.

Fue justamente durante los años de gobierno de Gorbachov, que yo trabajé como profesor invitado en la República Democrática Alemana (RDA), de modo que pude enterarme de primera mano de las conquistas sociales realizadas por ese tipo de socialismo, pero también de las inmensas carencias en la economía, así como de la limitación de las libertades individuales, cosa que agobiaba cada vez más a buena parte de la población. 

Desde la invasión rusa de Praga en 1968, el anhelo popular de un socialismo democrático era cada vez más fuerte, pero el único dirigente que al parecer captó el meollo del problema y tomó cartas en el asunto fue Gorbachov, al proponer en 1986 una política de reformas (“Perestroika”) y una política de apertura y transparencia (“Glasnost”), que se implementaron tras el accidente de Chernóbil, en 1986. Sin embargo, el drama que sobrevino fue que mientras Gorbachov intentaba oxigenar la gigantesca maquinaria burocrática del Estado y la oxidada cultura política, la realidad se le fue escapando de las manos y condujo, finalmente, después de 1991, al desmembramiento de la Unión Soviética, para euforia incontenible del capitalismo mundial, el cual se exclamó en voz baja: “¡Ya se la metimos!”, o algo parecido. 

En 1989 tuve varias discusiones sobre mi percepción de la RDA con la esposa del Viceministro de Economía, que era mi jefa, una hispanista apasionada, incapaz de ver lo que pasaba en la calle. Yo le contaba que los ciudadanos estaban hartos y no creían más en sus dirigentes. “¿No ves que son ellos los que están dinamitando el sistema desde dentro?” Pero como acontece aquí y acullá, ella no entendía o no quería entender.

Hasta que todo reventó el 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro. Justo un mes antes, Gorbi había advertido durante su visita a la RDA: “Cada país debe decidir por sí mismo lo que es necesario para su tierra. Deben aprender de la vida. El auténtico peligro llega cuando uno no aprende de las experiencias. Aquellos que sacan sus impulsos de la vida y de la sociedad no deben tener miedo”. Fue lo que expresó ante la prensa. Y bueno, fue también lo que, después, significó su tumba definitiva como político.   

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Author: Maria Suarez