Como está quedando claro en Europa, China y ciertas regiones de Norteamérica, el cambio climático requiere importantes cambios de comportamiento por parte de la población. En California existe ya una “policía del agua” dada la severa escasez de la misma; patrulleros que recorren las ciudades en busca de ciudadanos que incumplen con los estrictos planes de racionamiento o en busca de costosas fugas. Mientras en otras latitudes el agua escasea cada día más, acá el agua nos llega en volúmenes diluvianos durante el invierno. A pesar de ello, centenares de miles de hogares carecen del suministro del vital líquido y se ven obligados a incurrir en importantes complicaciones logísticas y costos para garantizar su abastecimiento. Al mismo tiempo, durante la temporada de invierno, literalmente “llueve dinero” sobre los techos de todos nosotros. Sin embargo, la inmensa mayoría parece que no nos damos cuenta de ello, salvo por las molestias que el agua de lluvia provoca y por las ingeniosas formas en que esta se recolecta para luego desecharla en la red de alcantarillado, donde la hay, o en calles y caminos hacia quebradas y riachuelos cercanos.
Resulta paradójico que existan quejas por la falta del vital líquido durante la época del año cuando más agua nos cae del cielo. Es común escuchar quejas por falta de agua, al mismo tiempo que se lamentan por los severos encharcamientos e inundaciones. Desde luego, aprovechar el agua de lluvia para uso humano implica ciertos cuidados para garantizar su inocuidad, así como ciertas inversiones para concentrarla en algún punto y luego almacenarla. Cuestiones estas últimas dos que muchos hogares ya hacen, unos para deshacerse del agua llovida y otros para almacenar la que adquieren de cuando esta llega a sus hogares. Aunque “cosechar” agua de lluvia pareciera algo obvio para quienes no cuentan con inviernos tan copiosos como los nuestros, no lo es para quienes estamos acostumbrados a ellos. Lo peor es que su abundancia pareciera influir en el poco valor que como sociedad otorgamos a su uso cuidadoso. En la senda que va el cambio climático, además de los problemas propios derivados de la mala o inexistente planificación del desarrollo urbano, es urgente cambiar nuestros hábitos en relación con el uso del agua. Finalmente, este no es un asunto de dinero, donde quienes tienen capacidad de pago se libran del problema o donde a base de multas se logran modificar las conductas. Como bien dice un conocido eslogan publicitario: “Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar”.