Antes cada quincena que cayera en viernes daba más miedo que el que la Llorona les genera a los niños. Pero ahora ya no hace falta que sea viernes para que el tráfico en todo el departamento de Guatemala se paralice y le robe horas valiosas a muchos guatemaltecos, no digamos el costo de combustible, pero el costo de oportunidad de hacer algo más que enojarse dentro del carro o el pésimo transporte público. Lo malo es que cada propuesta que se da para resolverlo, en vez de mejorar lo empeora. Existe un estudio de varias universidades estadounidenses que demuestran que mientras más capacidad de carreteras, esto hace que temporalmente el costo de transporte se reduzca y genere un alivio a los usuarios. Pero precisamente este alivio temporal hace que vivir más lejos sea barato, por lo que más gente encuentra vivienda accesible y nuevamente se congestionan las rutas, regresando a un tráfico peor.
Una buena salida y solución al tráfico es transporte público “aceptable”, porque la gente no es tan estricta con la calidad, pero sí con la frecuencia y certeza de este. Invertir más de ciento cincuenta millones en unos puentes Bailey que no se usaron en Villa Nueva, NO es la solución para reducir el tráfico. Mejor se hubiera alargado el transmetro y/o los alimentadores.
Pero la solución probada es aumentar la densidad de la vivienda en los centros urbanos. Si la gente vive, estudia y trabaja en áreas cercanas, pues su necesidad de transporte se reduce. Pero si seguimos sin implementar el Distrito Metropolitano que nos manda el Artículo 231 de nuestra Constitución, pues cada municipio decidirá cómo y cuándo autoriza nuevas construcciones. La gente joven que durante los últimos quince años sufrió en carne propia la pérdida de su niñez metido en un tráfico creciente por “gozar” de una mejor vivienda; que sus padres salían de madrugada y llegaban de noche; que ya no quieren “tener” sino “vivir”, son los que piden a gritos nuevas opciones habitacionales. Es nuestra tarea poder dárselas y que no solo sean dignas sino accesibles. Cualquier economista que quiera ganarse un premio chapín debiera calcular el costo diario en petróleo, algo que no hacemos en Guatemala, por no resolver el problema de densidad y transporte público. Ese dinero gastado en petróleo mejor lo debiéramos invertir en transporte público que sirva, que no drene nuestros impuestos en subsidios mal utilizados y mucho menos que permita que las municipalidades jalen cada uno para su lado.
Si en las próximas elecciones el candidato a alcalde de su municipio no le ofrece entrarle al transporte público y a las licencias municipales, no lo vote. La lluvia y el tráfico de junio serán el mejor aliado para el votante que quiere un verdadero cambio de vida.