¿Hay una demanda real de la sociedad por una bajada generalizada de impuestos? Si hacemos caso al barómetro de GAD3 para este diario, sí: un 78,9% estaría a favor de ello. Sin embargo, si se mira el estudio ‘Opinión Pública y Política Fiscal’ realizado por el CIS en julio pasado, esta demanda no era tan evidente. De hecho, según los marcadores que usan los expertos en sociología tributaria, la disposición de los españoles ante una eventual subida de impuestos era la mayor en muchos años. Hay diversos factores gravitando en este asunto. El más acuciante es la inflación que deteriora el poder adquisitivo. Su agudización hace que las percepciones cambien rápidamente. El PP apostó desde hace meses por la deflactación del IRPF y por una bajada del IVA, y ha mantenido una promesa genérica de bajar impuestos que no parece fácil de cumplir, dada la situación de las cuentas públicas. Todo indica que la fiscalidad estará en el centro de su próxima oferta electoral. Y eso quizá sea un empeño que le lleve a repetir el hachazo fiscal de Rajoy en 2011. La sociología tributaria se fija en una pregunta del estudio del CIS que, por cierto, se ha realizado ya en 39 ocasiones. Se trata de la cuestión número 9 que plantea si deben mejorarse los servicios públicos aunque haya que pagar más impuestos o no. El porcentaje de personas que está en la mitad más favorable a pagar más está casi en el 69,3%, es decir, siete de cada diez españoles. Esta pregunta va más allá de un toma y daca y, cruzada con otros indicadores, permite visualizar la disposición o resistencia ante una eventual subida de impuestos. Hay que indicar que entre 2019 y 2020 las respuestas cambiaron radicalmente. El número de personas dispuestas a pagar más impuestos a cambio de más Estado se elevó en torno a diez puntos porcentuales. Esto puede achacarse a la pandemia, que hizo más visible el papel del Estado, aunque también puede haber influido que el CIS cambió la forma de hacer las encuestas, que pasaron de presenciales a telefónicas. Lo cierto es que tras la subida de 2011, la número 9 indicaba que los españoles no querían más alzas, aunque fuera a cambio de mejores servicios. Eso varió radicalmente. Y lo ha hecho por una razón muy simple, el nivel impositivo no es un tema -la inflación es otro cantar- porque Pedro Sánchez no ha subido los impuestos de manera generalizada y no ha tocado el más sensible, el IRPF. Ha aparcado su reforma tributaria y acaba de aplazar el impuesto al diésel. En cambio, los ‘impuestos con nombre’, como el de la banca o las energéticas, reciben un importante apoyo popular. Sí, el Gobierno se está aprovechando de la ‘progresión fría’, pero puede ser que la fiscalidad no sea clave para ganar unas elecciones. [email protected]