Paulo Futre, lujo ibérico

En verano del 2000, Paulo Futre recibió una llamada del representante Santos Márquez. Tenía que acudir a una cita de manera urgente. Lo hizo y en esa reunión conoció a Florentino Pérez. Se habían convocado elecciones al Madrid y la única oportunidad del aspirante Pérez tenía un nombre: Luis Figo. Y Futre, « rey de los futbolistas de Portugal «, era la llave. Primero llamó a José Veiga, representante de Figo, y le expuso la idea. Veiga colgó, pero en Futre se encendió una luz y ante Florentino, que lo miraba, siguió hablando solo hasta que de pronto se dirigió a él: –Florentino, se puede hacer por diez millones. –Cinco. –Seis. Una vez conseguidos, Futre pidió permiso para llamar a Veiga desde otra sala. Le volvió a exponer la idea, pero con cuatro millones de comisión. Veiga lo repensó: –Pide cinco y me llamas. Futre espero unos minutos: –Conseguí seis. Tres para ti. Y así puso en marcha la operación Figo, con dos regates. En ‘El Portugués’, la biografía publicada en su país natal, Futre cuenta más. Su papel no quedó ahí. Diseñó maniobras de distracción con Zidane y se empleó en convencer al jugador, que se negaba. Había una cláusula de penalización y los últimos días Veiga lloraba desesperado. Como última recurso, juntaron a Figo y Florentino en Lisboa. La conversación comenzó a la una de la mañana y al filo del amanecer, Florentino se puso serio: ¿qué quieres para firmar? Y cuando todos esperaban una cantidad, Figo respondió: «A Sá Pinto», un futbolista portugués. Futre era el único allí que lo entendía. Sabía que Figo temía entrar solo en ese vestuario, un miedo que él reconocía. Al pasar muy joven del Sporting de Lisboa al Oporto vivió, a escala, lo que Figo viviría. En los 80, eran muy pocos los futbolistas del sur de Portugal que jugaban en el norte. Futre recibió pintadas en su nueva ciudad («Te vamos a matar, moro») y ataques en su casa de Montijo. El fichaje más caro Futre había sido para Jesús Gil lo que Figo para Florentino. Galáctico antes de los galácticos. Tras ganar la Copa de Europa en 1987, el Oporto acuerda su traspaso al Inter. En estas llega Gil y ofrece el doble a club y jugador sin apenas negociar. Futre no daba crédito y decide aprovecharse: Quiero una casa. Hecho. Y una piscina. Hecho. Y un Porsche. Hecho. Pero Futre no se fía, y pide el coche nada más llegar a Madrid. Van al concesionario y solo hay uno, amarillo. Gil gana las elecciones y Futre se convierte en el segundo fichaje más caro de la historia. El primero era Maradona. Futre fue galáctico antes que los galácticos Había llegado a todo muy deprisa y a los 34 años conocía lo que Figo tenía por delante; su actuación en el fichaje resume su talento dentro y fuera del campo. Su fútbol estaba hecho de la misma habilidad y de una rara pasión. «Juego como si se acabara el mundo y tuviera que evitar una catástrofe». Muchas veces jugó con rabia, contra alguien; contra Gil («Este gol es para ti, hijo de puta») o contra Toshack, que le enseñó la puerta del Sporting. Futre dejó la escuela de niño. A los 13 años era mecánico . Su formación fue Chalana, un extremo del Benfica al que iba a ver a pesar de estar en la cantera rival. Lo imitaba en el barco yendo y viniendo a entrenar. En esas travesías pasó tanto miedo con las tormentas que nunca quiso un yate. En la cubierta, con una botellita por balón, imitaba a su ídolo y el balanceo de los brazos para no caer forjó su estilo. Lo que quería capturar era algo muy concreto: la capacidad de Chalana para engañar con la cadera. La picardía total. Jesús Gil y Futre, en los 90 efe Futre fue tan rápido que llegó antes que la ley. A los 9 años tuvo que falsificar su identidad para participar en el torneo en el que le descubrieron; las normas impedían que debutara con 16 años cuando llevaba meses entrenando con los mayores, y para liberarlo de la mili, que hubiera detenido su carrera, le hicieron una ley a medida. Fue el presidente Mario Soares, con Futre recién llegado a Madrid. Cada eliminatoria de la Champions del 87 fue una prórroga que él ganaba a la mili, de la que solo se libró, años después, cuando pudo demostrar que su rodilla estaba destrozada. Un jugador nato La carrera de Futre, sin embargo, estuvo marcada por llegar a destiempo. Su Atlético cayó en el solapamiento entre La Quinta y el Barça de Cruyff; ganó dos copas del Rey, pero Gil desestabilizó al equipo para algo mayor. Cuando por problemas económicos fichó por el Benfica, teatralizando el adiós con una discusión a lo Pimpinela con Gil, el Benfica se hundió entre escándalos; se fue entonces al Olimpique de Tapie (huyendo de la mili portuguesa) y sucedió lo mismo. Tampoco tuvo suerte en la selección, a la que llegó justo antes de la generación de Figo y Rui Costa. A los 9 años falsificó su identidad para jugar un torneo Al Mundial de México acudió con 20 años lleno de ilusión. Decidió llevarse libros a la concentración para no jugar a las cartas porque las cartas le recordaban demasiado al tabaco. Futre era el organizador de las timbas y desde niño jugaba hasta altas horas. «Era jugador nato. Sabía jugarlo todo: los juegos de pura trampa (‘lerpa’, la ‘mufla’, el sube y baja y el póker) o de otro tipo (cornela, loba, la sueca o el king)«. No fue el único sacrificio. Prometió no masturbarse en todo el Mundial, aunque la continencia no duró. Los portugueses salieron una noche y ligaron con mexicanas. Algunas eran señoras adineradas que regalaron joyas a los futbolistas (no era raro, Futre fue tentado en Madrid por una ‘madama’ que en nombre de una admiradora le ofrecía millones por una sola noche). Como muchos tenían pareja, y no podían volver a Portugal con las joyas, Futre decidió comprarlas a buen precio y revenderlas luego. El Mundial fue un desastre, pero sacó un dinero. Con 14 años, en un torneo en París con la selección, ya hizo algo similar. Los niños tenían la costumbre de robar prendas deportivas en los grandes almacenes y él consiguió engañarlos a todos para hacerles creer que habían sido descubiertos. Les hizo devolverlas en su cuarto, como capitán él las entregaría, pero lo que hizo, «bandido desde pequenino», fue quedarse el botín. Futre, el más vivo, fue siempre un animal de vestuario, supo ganarse un hábitat que conoció muy pronto. Con 15 años observaba la angustia de los veteranos del Sporting, «el silencio del miedo». Llegó siempre de niño bonito, entre recelos. En Madrid supo ganarse a sus compañeros plantándose ante Gil. Las tuvieron tiesas, pero cuando ‘el Gordo’ murió Futre cargó su ataúd. Un pícaro Siendo director deportivo, con el Atlético en segunda, presenció en el vestuario una discusión en la que Salva, el delantero, reclamaba «huevos». Futre se bajó los pantalones y los ofreció. «Aquí están los míos, los primeros. Mírenlos». Noticia Relacionada Atlético de Madrid 2 – 1 Oporto estandar No El Atlético se vuelve loco José Miguélez Tres goles en la prolongación llevan de un lado a otro el marcador en un debut infartante de los rojiblancos. Griezmann anota el tanto definitivo En esos meses, con el Atleti intervenido y sin un euro, fichó gratis a su compatriota Dani, un adonis descarriado al que años antes había intentado enderezar con sus consejos: «Dani, ‘malandro’ no engaña a ‘malandro’. Yo nunca he tenido relaciones sexuales más de cuatro veces por semana, ni en la víspera de los partidos o dos días antes. Y si juego el domingo, me fumo doce cigarrillos el martes, diez el miércoles, ocho el jueves, seis el viernes, cuatro el sábado… Hago lo que quiero, pero controlado «. Dani no le hizo caso del todo, y eso que Futre, para motivarlo, le llegó a apuntar con una pistola (sin balas). Tras Marsella, Italia, Inglaterra, Japón y Madrid otra vez, regresó a Portugal, donde redescubrieron su carisma y es estrella mediática. En España es rey del pueblo colchonero. Él habla en «ibérico» , ni de aquí ni de allí, de los dos; cuando quería decir algo fuerte en Madrid, lo decía en Portugal primero, y viceversa. Si hubiera un iberismo, sería estandarte. Sus ‘malandrices’ son nuestra picaresca, patrimonio sentimental del fútbol español. Futre, que a todo llegó antes, vive en una prematura condición de leyenda. Ahora, tras haber enterrado a su madre, se recupera de un accidente cardiovascular y abjura del tabaco cuarenta años después. Sigue regateando como en aquel barco.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez