Juro que no he hablado nunca con Gustavo Petro, ni tampòco que me he disfrazado de sacerdote con el fin de sacarle una confesión, inclusive la de sus pecados veniales, si es que alguno hubiese sido de ese nivel, lo cual por su curriculum vitae me permito dudar. Pero lo que afirmó durante su ¿sorprendente? ¿o concordado en campaña electoral? discurso ante la 77 Asamblea General de las Naciones Unidas pareciese que mi trabajo publicado en estas mismas páginas al inicio de esta semana, hubiere sido consecuencia de esa manera cristiana de expiar los pecados, la confesión.