Hasta las antenas de la montaña despoblada, puro desierto entre olivos de carretera descarnada, roto el asfalto, a la antigua, sube como una centella una flecha amarilla en persecución de la identidad extraviada. Es Primoz Roglic en acción, ciclista de una pieza, primor competitivo, siempre diez en la eficacia útil, quien pone en entredicho la hegemonía de Remco Evenepoel. El veterano esloveno ganador de tres Vueltas suelta el cable del maillot rojo, lo deja exhausto, al borde de la crisis o la extenuación. Le obliga a sufrir. Evenepoel se repone con entereza y cede tiempo, 52 segundos, en una clasificación que se aprieta: Roglic ya está a 1:50. Enric Mas se queda vacío, pájara del español, y mala suerte de Ayuso con un pinchazo. En La Pandera triunfa de nuevo Richard Carapaz, cóndor de larga distancia que huele la sangre y repite triunfo después de Peñas Blancas.