«Las malas noticias son buenas noticias». Este viejo aforismo del negocio periodístico ha sido utilizado para acusar a la Prensa de que sólo se fija en lo malo. Y hasta cierto punto es verdad, porque la mayoría de las noticias que nos importan son las que tienen consecuencias que nos afectan directamente y que suelen ser malas. Esa tensión es lo que despierta nuestro interés humano y hace atractivas las informaciones. Un estudio de la escuela de negocios Stephen M. Ross de la Universidad de Michigan ha descubierto que los ‘proxy advisors’ –en español ‘asesores de voto’–, las empresas especializadas en recomendar a los inversores institucionales cuál debe ser el sentido de su voto en las juntas de accionistas, sufren un sesgo parecido al periodístico y en un intento por maximizar las ganancias de la venta de información que hacen a los accionistas, sesgan sus recomendaciones en contra de la alternativa que a priori es más probable, creando así una controversia en cada votación. El asesor se beneficia de manipular la señal pública y recomendar una alternativa inesperada Estos asesores de voto son cada vez más importantes en el mundo corporativo. La firma asesora más grande del mundo, Institutional Shareholder Services (ISS), trabaja con 1.500 inversores institucionales, que emiten más de 12 millones de votos en 45.000 juntas de accionistas en todo el mundo. La segunda empresa del mercado, Glass Lewis, fundada en 2003, tiene 1.300 clientes a los que aconseja en más de 30.000 reuniones que implican la toma de decisiones accionariales. Los ‘proxy’ influyen decisivamente de dos maneras: a través de sus recomendaciones de voto, que suelen ser públicas, y mediante los informes privados, de pago y sólo para suscriptores. Estos últimos suelen acabar siendo públicos cuando los difunde el que se ve beneficiado con la recomendación de voto, ya sea la dirección de la empresa o un accionista activista, pero no siempre. Esto genera un conflicto de interés fundamental. Los ‘proxy’ ganan dinero con sus informes de pago, no con las recomendaciones públicas. Si éstas últimas lograran contener todos los elementos de juicio necesarios para decidir el voto, nadie compraría los informes y la ganancia del asesor sería cero. ¿Con qué tipo de recomendaciones e informes se maximizan las ganancias del asesor de voto? Esto es lo que se plantearon los autores del estudio ‘Creating Controversy in Proxy Voting Advice’, Andrei y Nadya Malenko de la Universidad de Michigan y Chester Spatt de la Universidad Carnegie Mellon. Los académicos afirman que no hay una respuesta obvia. Podría ocurrir que un asesor haga recomendaciones públicas destinadas a poner en valor sus informes privados o que actúe imparcialmente. «Mostramos que el beneficio del asesor de voto por la venta de información se maximiza si (1) diseña un informe completamente informativo e imparcial, y (2) proporciona una recomendación pública que es parcialmente informativa pero sesgada en contra de la alternativa que a priori es más probable que aumente el valor (siempre que la probabilidad a priori de que aumente el valor sea lo suficientemente alta). Nos referimos a este sesgo en contra de la alternativa más probable como ‘crear controversia’. Al manipular la señal pública y recomendar la alternativa inesperada con demasiada frecuencia, el asesor aumenta la probabilidad de que la votación sea reñida y, por lo tanto, aumenta la disposición de cada accionista a adquirir el informe de investigación». Los autores ponen un ejemplo con una de las votaciones más habituales que es el nombramiento de un miembro del consejo. Si el candidato es evidentemente bueno para la empresa y el ‘proxy’ sólo habla de él en el informe de pago, pero en público no da información, los inversores que no conocen el informe votarán según los antecedentes positivos y lo aprobarán. Como todos los no suscriptores tienden a votar igual, la votación no será reñida. Por lo tanto, si un inversor estaba pensando en suscribirse al informe, tiene muy pocos incentivos para hacerlo porque la probabilidad de que su voto informado influya es baja. Supongamos, en cambio, que el asesor emite recomendaciones parcialmente informadas y crea polémica en torno al consejero. En este caso, los inversores no suscriptores que ven una recomendación negativa no sabrán si el consejero es bueno o malo y no sabrán cómo votar. Esto conduce a una alta probabilidad de tener una votación reñida, lo que incrementa los incentivos para adquirir el informe en pos de tener más información para decidir. Nuevas estrategias Las empresas están utilizando nuevas estrategias y canales de comunicación para encontrar accionistas y obtener sus votos. Tik Tok empieza a aventajar a los ‘proxy advisors’. El caso de dos empresas estadounidenses implicadas en el desarrollo de coches eléctricos -Nikola y Lucid- es emblemático. Ambas han recurrido a las redes sociales y a YouTube para conseguir apoyo de sus accionistas. Un sondeo efectuado en 2021 por Charles Schwab descubrió que el 15% de los inversores de EE.UU. empezaron a invertir en 2020 y que se informan más por redes sociales que por la prensa especializada. Las recomendaciones sesgadas de esta manera son óptimas para el ‘proxy’ y dominan sobre cualquier otro diseño. Además, el asesor producirá informes de investigación completamente informativos e imparciales porque le ayuda a maximizar los ingresos de las tarifas cobradas a los suscriptores. En este caso, los objetivos del asesor de voto y de los accionistas que adquieren sus informes están perfectamente alineados. No así en el caso de las recomendaciones públicas que, según el estudio, pueden estar sesgadas hacia la creación de controversias. El incentivo para crear esas controversias desaparece cuando la probabilidad de que la propuesta sea buena para la empresa supera el 50%.