Carlos Andrés Pérez fue, por encima de todo, un líder nato. Nació y creció en un ambiente que lo fue tallando como un ser humano con inquietudes de todo orden que le permitieron convertirse en un dirigente político por el resto de su vida. No fue un dirigente surgido relancinamente, sino que se fue, poco a poco, macerando hasta convertirse por mérito propio, en primer magistrado nacional. Desde adolescente se mostró como un estratega, condición que puso en evidencia cuando planificó empapelar con afiches del partido comunista las fachadas de las casas de su pueblo natal, Rubio, para demostrarle a los fundadores del PDN, en el estado Tachira, que si tenía cualidades para ser aceptado como militante.