Cómo China frenó la inflación global y por qué dejará de hacerlo

¿Dónde compraríamos los sobres, las cajas de embalaje, las flores de pega, los disfraces de Halloween, los productos de limpieza, el colador de plástico barato para las frutas y verduras si no existieran las tiendas de chinos? En el mundo anglosajón, esta especialización de los inmigrantes chinos en baratijas producidas en su país ha desembocado en un término que describe el negocio: «Precio chino». Y detrás de este fenómeno reside una de las explicaciones de por qué el mundo ha disfrutado de una baja inflación durante casi tres décadas (ver gráfico): China, la gran factoría mundial, ha conseguido bajar los precios de casi todo lo que produce gracias a su enorme cantidad de mano de obra barata. Alan Greenspan, que presidió la Reserva Federal de EE.UU. entre 1987 y 2006, culpó a China de exportar la deflación de precios a su país. No tuvo inconveniente en hacerlo pese a que él se quedó con todo el crédito por la estabilidad de los precios que se produjo durante su mandato. Durante los primeros años de este siglo, la mayoría de los responsable de las finanzas occidentales atribuyeron la competitividad china a la subvaluación de su moneda, el renminbi. En 2002, dos funcionarios japoneses escribieron en el ‘Financial Times’ que «China está exportando deflación… a través del crecimiento de las exportaciones y una combinación de deflación de precios y un tipo de cambio favorable» y le pedían que apreciara su moneda. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP 2430 Código APP Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008, Pekín aceptó revaluar su moneda y entonces los efectos de su gigantesca mano de obra barata fueron más evidentes. «El más importante de los cambios económicos ocurrido entre 1990 y 2018 ha sido el auge de China y su integración en la economía mundial … La integración de China en el complejo manufacturero global duplicó con creces la disponibilidad de mano de obra para la producción de bienes transables entre las economías avanzadas«, afirman Charles Goodhart y Manoj Pradhan en su libro ‘The Great Demographic Reversal’ publicado en Londres en 2020. Fuerzas deflacionarias El aumento de la población en edad de trabajar en China en el periodo 1990-2017, que fue de 240 millones de personas , cuadruplicó a los 60 millones de personas que sumaron Europa y EE.UU. en el mismo lapso. El efecto de este tsunami de mano de obra barata debilitó el poder de negociación de los trabajadores en otras latitudes y presionó a la baja los costes de producción , por lo que no es extraño que se desencadenaran fuerzas antiinflacionarias. A la aportación laboral de China hay que sumar otros factores, como la integración a la economía mundial de los países excomunistas de Europa del Este, la creciente incorporación de la mujer a la fuerza laboral y la globalización . Pero ninguno de ellos llega a ensombrecer la importancia decisiva de China como centro de fabricación de bajo costo. Entre 1990 y 2017, China incorporó 240 millones de personas en edad de trabajar, cuatro veces la cantidad que añadió EE.UU. y Europa «Estas fuerzas deflacionarias han sido tan agresivas –escriben Goodhart y Pradhan– que ellas han causado que la inflación se mantenga en, o por debajo, del objetivo del 2% (fijado por los bancos centrales) en las décadas que siguieron a 1990. Incluso las políticas monetarias de expansiones masivas y las políticas fiscales que han desembocado en un enorme y persistente aumento de las deudas públicas nunca visto en tiempos de paz, han tenido poco éxito a la hora de introducir tensiones inflacionistas en la economía global«. Michael Pettis, académico senior del ‘think tank’ estadounidense Carnegie Endowment con sede en Pekín, tiene un diagnóstico coincidente, aunque más sofisticado, que explica a ABC: «Países como China, Alemania y Japón han tenido superávits persistentes durante gran parte de este siglo, principalmente debido a la débil demanda interna, que a su vez fue causada por subsidios ocultos a la fabricación que fueron pagados directa o indirectamente por los propios hogares. Dado que el mundo ya sufre de una demanda débil (principalmente debido a la creciente desigualdad de ingresos), el impacto de estos países fue reducir aún más la demanda global en relación con la oferta global, y así r eforzar el impacto deflacionario de la desigualdad de ingresos«. Varias causas Los canales por los cuales la producción masiva y barata de China ha influido en los precios en el resto del mundo son varios. Un documento del Banco Central Europeo sobre el impacto de la globalización en su estrategia de política monetaria publicado en septiembre de 2021 los resume perfectamente: en primer lugar, las importaciones tienen un efecto directo sobre la inflación ; mientras más productos importados consume una economía, mayor es el impacto de la inflación importada en su IPC . En segundo lugar, la apertura al exterior permite una mayor competencia entre los productores domésticos y extranjeros y entre estos entre sí. En tercer lugar, la integración de China y otras regiones a la economía mundial después de 1990 ha aumentado la oferta de mano de obra, erosionando el poder de negociación de los trabajadores en las economías avanzadas y moderando aún más los costos de producción. Y, en cuarto lugar, una mayor participación en las cadenas de valor mundiales reduce los costos de las multinacionales y aumenta la productividad, proporcionando un mayor impulso desinflacionario. 16% del PIB mundial representa China Sin embargo, existen discrepancias entre los economistas sobre la magnitud del impulso deflacionario. Un trabajo de 2006 elaborado para la Reserva Federal encontró que «el impacto de las exportaciones chinas en los precios de importación globales ha sido, aunque no despreciable, bastante modesto». Puede ser que los datos disponibles en ese momento sesgara la mirada. En 2001, cuando China ingresó en la Organización Mundial de Comercio (OMC), su riqueza representaba el 4% del PIB mundial, en 2006 era poco más del 5,5% y en 2018 llegó al 16% del PIB mundial, según datos del Banco Mundial. El peso de China en la generación de riqueza mundial se ha más que triplicado. Otro trabajo publicado en 2013 en la Revista Económica Europea descubrió que cuando los exportadores asiáticos alcanzaban el 1% de un mercado europeo, los precios al productor disminuían alrededor de un 3%. Al descomponer los mecanismos subyacentes se veía que la competencia de las importaciones asiáticas tenía un efecto pronunciado en la productividad y uno moderado en los salarios europeos. Fin del ‘shock’ positivo Un trabajo del Banco de Francia de este mismo año, encontró que las importaciones originadas en países con bajo costo de mano de obra como China redujeron la inflación del IPC en 0,05 puntos porcentuales por año en promedio, pero tienen un efecto mayor en el IPC cuando hacen subir la inflación (entre 0,13 y 0,17 puntos porcentuales por año). Pero la tesis de Goodhart y Pardhan es precisamente que este ‘shock’ positivo que China ha supuesto sobre la inflación mundial se está acabando: «El auge de China y la demografía crearon un ‘punto dulce’ que ha definido la senda de la inflación, las tasas de interés y la desigualdad en las últimas tres décadas. Pero el futuro no se parecerá al pasado y estamos en un punto de inflexión . Mientras el ‘punto dulce’ se vuelve amargo, las tendencias de estas décadas que nos trajo la demografía están a punto de invertirse radicalmente«. La razón principal es que el país que dirige Xi Jinping ha cambiado y ya no aspira a seguir siendo sólo la fábrica barata del mundo. Esto debería suponer que los costes laborales suban. El profesor Pettis también ve este fenómeno, aunque a un plazo más largo: «A medida que China se reequilibra hacia una mayor demanda interna, s u contribución negativa a la demanda mundial (a través de su alto y persistente superávit comercial) se contraerá. Sin embargo, debido a que este ajuste será muy difícil y dará como resultado un crecimiento mucho más lento, es probable que no suceda hasta dentro de al menos otros 2 o 3 años, ya que Pekín lucha por mantener altas tasas de crecimiento«. En última instancia, el costo de los bienes y servicios chinos estará determinado por el equilibrio en el que se asiente su economía. Eso tendrá mucho que ver con la productividad, los salarios, los costos, etc. También influirán los cambios en las cadenas de valor que ha producido la pandemia –especialmente la estrategia de Covid Cero de Xi Jinping– y el comportamiento de la demografía: se espera que la población en edad de trabajar se reduzca significativamente en los próximos años. En otras palabras, la competitividad de China aún no se ha determinado , pero la mala noticia para Occidente es que ya no puede contar con importar deflación de China para compensar su laxitud monetaria.

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Author: Pablo Perez