Crónica de un fraude anunciado

Mantener el estado de las cosas implica colocar a operadores de poder en instituciones para asegurar que nada cambie estructuralmente. Desde diputaciones hasta decisores y administradores de políticas en el Organismo Ejecutivo y operadores y decisores de justicia en el Poder Judicial. Su agenda implica en momentos negociar con otros actores de poder que se benefician del Estado para mantener ese estatus. Un Estado de la Nación corrupto, que maneja la justicia a discreción, y que privilegia a ciertos grupos por sobre otros bajo un marco de Democracia y de Economía de Mercado disfuncional. Implícitamente, las ventajas y privilegios heredados se siguen reproduciendo en quienes se favorecen por ese régimen, creando un círculo virtuoso para esas élites en detrimento del resto de la ciudadanía.

El fraude: Vemos hoy cómo a un año de la convocatoria a elecciones salen a luz encuestas que anuncian a personas como precandidatas presidenciales. Personas que sin haber sido proclamadas como candidatas en sus respectivos partidos, desde ya empiezan a posicionarse como futuros presidenciables. Que alguien tenga presencia en las redes y medios de comunicación masiva no le hace necesariamente un líder o lideresa. En general, los nombres de quienes aparecen en esas encuestas y que son inducidos en la boleta de respuestas de quien encuesta no son necesariamente de líderes sino figuras mediáticas o parientes de antiguos presidentes.

Así las cosas, entre los nombres que aparecen en las encuestas como potenciales candidatos/as presidenciales, no se ven muchas opciones de propuestas políticas que promuevan cambios estructurales. Los supuestos candidatos “punteros” en las encuestas representan una continuación del statu quo. Esto no es una sorpresa, cuando ya se ha evidenciado que las élites económicas (tradicionales y emergentes) financian a partidos políticos y candidatos para que, una vez en el poder, mantengan esa estructura de privilegios institucionalizados. Una vez se ha logrado posicionar mediáticamente a esos “punteros”, se procede a la siguiente etapa. Promoverles como las opciones más viables para el país. Organizaciones afiliadas a esas élites organizan “foros presidenciables”, pero teniendo el cuidado de convocar solo a esos candidatos “punteros” y asegurarse de divulgar masivamente dichos eventos diezmando la presencia de otros potenciales candidatos en la contienda. El foro de la agrupación de gerentes (afines a la agenda de la élite económica), como el foro religioso evangélico y fundamentalista, sirve como plataforma para consolidar un reducido número de opciones en la mente del votante. Opciones que al final de cuentas son el plan A, el plan B, el plan C y el plan D de las élites. Apoyar en especie (donando champurradas, material de campaña, contribuciones a fiscales de mesa, vehículos, hospedaje y otros insumos a partidos afines a su agenda de que “nada cambie” es entonces la norma). Un partido que carece de esos apoyos difícilmente podrá competir con los partidos apoyados por esa oligarquía. Sin mencionar la captura de instituciones que promoverá barreras de entrada a nuevos partidos contendientes que no sean del beneplácito del régimen.

Una vez llega el momento de las elecciones, los candidatos preelegidos por la élite que concentra el poder ya se encuentran, como si fueran marca de bebida gaseosa, posicionados en la mente del votante. La última elección mostró que las encuestas no eran confiables con respecto al voto real. Pero igual, uno de los favoritos de la élite (sea el plan A, B, C, o D) llegaría al poder frente a quienes, por tener una agenda de desarrollo que rompa con el estatus, fueron sistemáticamente disminuidos en su capacidad de competir en igualdad de condiciones.

El fraude tácito se consolida. Una vez llegan al poder los partidos apoyados por la élite y las mafias que coluden, el país se mantiene estable en su ruta de privilegios para pocos y de exclusión, pobreza, subdesarrollo y expulsión para el resto.


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Author: Maria Suarez