Desde la campaña presidencial pasada en EEUU, condimentada con aquella teoría conspirativa del estado profundo, promovida por el para entonces presidente “Donaldito”, también la satanización del partido demócrata acusándolo de pervertido, pasando por el asalto al Capitolio de aquel país, hasta el día de hoy, con una Ucrania Incendiada, una muy probable recesión (a nivel mundial), entre otras, como consecuencia de las extremas políticas económicas expansivas, aplicadas en EEUU para mantener la economía propia y la mundial a flote en medio del Covid 19; y por qué no decirlo, también como consecuencia de las prácticas populistas de las cuales se estaba valiendo Donaldito, para asegurarse un segundo mandato. Y súmele al día de hoy, una China cada vez más cerca de poder controlar tecnologías altamente sensibles, lo cual cambiaría drásticamente el mapa político del mundo; desde entonces hasta ahora, hemos visto a un Joe Biden despistado, perdido, chocho, frágil, torpe, de discursos tropezados, de respuestas confusas, entretenido a la mala. La parodia del presidente del país más poderoso del mundo, un chiste de sí mismo. Más no es tan así.