En estos días de teocracia demagógica y oraciones del benemérito Cash Luna —desde su lujoso aposento en la pomposa “ciudad de dios”—, mismas que ha derramado sobre distintos gobernantes, sin importarle ejecutoria y honradez de aquellos. Llegó incluso a intercambiar oraciones por banderas con Roxana Baldetti. Él como otros predicadores evangelistas son adictos al poder y se subyugan a quien lo ejerce. No les produce prurito ello. Pues bien, aún con las reiteradas muestras de sacrosantidad del Presidente y su “clero”, la sociedad retrocede en todos los índices. Cada día más pobreza y menos democracia. Lo único que crece es la agroexportación (de linaje colonial), la maquila textil y una suerte de politicastros que se hacen millonarios. El ejemplo de último momento es el alcalde de Villa Nueva, cuyo salario mínimo ronda el millón de quetzales año. Lo mismo ocurre con una tropa de legisladores, ministros y allegados, de elegante mano de mono.
Aquella acelerada acumulación dineraria da por entero la razón a la Presidenta del Legislativo cuando afirma: “Gracias a ello hemos visto la misericordia de Dios en cada uno de nuestros días”. Efectivamente su dios de poder y riqueza ha sido espléndido con su peculio. Ahora bien, entre eso y que somos “luz de las naciones” hay un mar de opio de por medio. La demagogia hace nido en regímenes autoritarios e ineficientes, como el impuesto a este pueblo, que arropado en sacramentos banales e hipócrita decencia celestial propala con el corazón contrito el respeto a las libertades: “Que nadie sea perseguido jamás por lo que piensa, jamás por lo que dice, jamás por lo que cree porque Guatemala es un país de libertad…”, dicho del acólito presidente. Cuando en realidad su régimen persigue a periodistas de palabra honesta. Jose Rubén uno de ellos. Tortura con cárcel y exilio a mujeres de justicia. Virginia Laparra en bartolina. Thelma Aldana, desterrada. El presupuesto público manejado de forma festinada y corrupta. Un régimen de odio y opacidad. De canónigo nada.
Mientras se muestra cara apostólica y de beneficencia popular, se golpea el intelecto, la acción popular y se vilipendia a los pueblos indígenas. Impunidad en el campo: se desaloja extrajudicialmente a comunidades campesinas. Se ningunea el pago del salario mínimo. Se reprime ferozmente la organización sindical y la negociación colectiva. Se estimula el silencio y el aplauso cómplice. Dios no tiene partido político. Mucho menos partidos ilegítimos e imbuidos de corrupción. Tampoco es responsable de los desmanes e iniquidades del régimen. Basta ya. Son necesarios vientos de cambio.
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