Apenas 24 horas después de que el Gobierno revelara la base económica sobre la que sustenta su proyecto de Presupuestos para el año 2023, el llamado cuadro macro que elaboran los analistas del Ministerio de Asuntos Económicos, el Banco de España ha planteado una enmienda de totalidad a esas previsiones económicas que una vez más quedan retratadas como excesivamente triunfalistas. La institución considera que la economía española se quedará el próximo año lejos de crecer ese 2,1% sobre el que el Gobierno ha construido sus cuentas públicas y se quedará en el 1,4%, una tercera parte del crecimiento estimado por el Gobierno. La discrepancia se localiza sobre todo en el comportamiento de la inversión, la clave de bóveda de las optimistas previsiones del Gobierno. Mientras Calviño auguró este martes que la inversión crecería un 9,5%, apoyada en la expectativa de una mayor ejecución de los fondos europeos y en un volumen histórico de inversión presupuestario – que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se encargó después de subrayar -, el Banco de España ha estimado este miércoles que el crecimiento de la inversión será mucho más modesto, del 1,7%. El supervisor gobernado por Pablo Hernández de Cos tiene sus razones. Los datos que manejan sobre las expectativas de las empresas auguran que esperan un frenazo de sus ventas en la parte final de año y que la evolución de sus márgenes de beneficio está siendo más contenido de lo que cree el Gobierno, ya que están por debajo de los de otros países europeos y todavía por debajo también de los niveles anteriores a la pandemia. También indican que los fondos europeos se están filtrando a la economía de forma más lenta de lo esperado. En junio se esperaba que tanto en 2022 como en 2023 aportaran dos puntos al PIB, ahora se cree que en ambos casos la aportación se quedará por debajo de 1,5 puntos y que el impacto más importante sobre el crecimiento se producirá ya en 2024. Únase a esta situación empresarial la acumulación de factores de incertidumbre, vinculados a la evolución de los precios de la energía, la evolución del conflicto en Ucrania o los problemas persistentes en las cadenas de suministro, para dar un saldo en el que las empresas no serán particularmente propensas a invertir. Sobre todo porque las nubes que ensombrecen las expectativas de los actores económicos hacia el futuro sesgan todos los escenarios a la baja. Es decir, el Banco de España entiende que si su escenario central de un crecimiento del 1,4% y una inflación media del 5,6% en 2023 es más probable que se tuerza a peor que a mejor.