Como parte del ejercicio de participación ciudadana, es importante recordar que nuestra colectividad está impregnada por la heterogeneidad de sus miembros. Así, habemos toda una variedad de caracteres, personalidades, oficios, creencias, etcétera. Una de estas diferencias radica en las limitaciones que tenemos, que todos tenemos.
Sin embargo, algunas limitaciones físicas, intelectuales, sensoriales o psicosociales interfieren a tal grado en el desempeño de la cotidianidad que deben ser consideradas una discapacidad. Transporte accesible para usuarios de silla de ruedas o cajeros automáticos con lectores para personas que no ven, son ejemplos de situaciones que debemos propiciar para lograr decir que estamos en igualdad de condiciones.
Con base en lo anterior, llamo la atención a cómo la participación ciudadana se ha encargado de tantos ámbitos de la colectividad, que sin duda nos benefician a todos, pero hemos dejado de lado la importancia de la inclusión. En defensa de las libertades individuales, escucharnos unos a otros, escuchar nuestras desigualdades y procurarnos espacios donde todos quepamos, debe ser también prioritario en el goce de nuestros derechos: los de todos.
En distintos procesos de discusión en Alta Verapaz, compartiendo nuestras visiones, llegamos a la conclusión de que desarrollo es crecimiento, calidad de vida, que se alcanzan por medio de acciones sostenibles individuales y de la colectividad. ¿Aplica esa colectividad, esos procesos de crecimiento, para las personas con discapacidad? ¿Acaso deberíamos, entonces, involucrarnos con y por ellas?
Acordamos en esos encuentros, en los que participamos 18 organizaciones, un concepto de desarrollo integral que implica infraestructura y atención de calidad en salud; involucra ineludiblemente el trabajo, oportunidades y remuneración digna; sin olvidar la educación integral y de calidad. ¿Cuánto más importante puede ser para una persona con discapacidad cada uno de estos aspectos? ¿Estamos escuchando lo que ese 15% de la población tiene que decir?
Este propósito de escucharnos no debe ni puede quedarse en una ocasión o un proyecto estático: los resultados son dinámicos, cambiantes, se transforman con nosotros y con la sociedad. Escuchemos la discapacidad, teniéndola o no. Construyamos puentes, abramos brechas.
La discapacidad es menos discapacidad cuando el entorno se adapta a todos, se ajusta y conecta nuestras diferencias con normalidad: escuchemos esa diversidad.