En Guatemala solo habas se cuecen

Desde mediados de 1980 dio principio de manera sistemática el éxodo creciente y progresivo de guatemaltecos hasta alcanzar ritmos demenciales, al extremo que se estima que la diáspora de chapines alcanza más de 5 millones.

Desde otra perspectiva, en este país sin rumbo, desde 1980, la estrategia económica inconsciente ha sido la humana exportación del desempleo, debido a las muy escasas oportunidades, la ausencia de respuestas serias de salud, educación, empleo sano y productivo, seguridad ante la delincuencia y las mafias criminales, la sentencia inapelable a la inmovilidad y el ascenso social, sin soslayar que el latrocinio y la voraz corrupción ha sido la única prioridad de los regímenes de turno.

El sorprendente arraigo, la responsabilidad y generosidad de nuestros migrantes, ha catapultado las remesas por mucho (alrededor de US$20 millardos) en el primer rubro de exportación del país, en beneficio de sus propias familias, de los empresarios tradicionales y nuevos emprendedores, cuyo mercado interno se ha expandido enormemente (quizá más que duplicado), sin que mediara ninguna estrategia o política pública, ni el menor esfuerzo gubernamental.

Pero, sobre todo, las remesas de nuestros héroes migrantes explican nuestra estabilidad macroeconómica, evitarán que la previsible contracción mundial en 2023 nos cause efectos recesivos y que nuestra economía salga ilesa.

Sin embargo, es imperdonable que en lugar de potencializar el impacto de las remesas, cuyo costo incluye muertos en el camino, sacrificios extremos, desintegración familiar, sudor y odio de los xenófobos y fascistas de Estados Unidos, sirva para sostener la orgía y el festín incesante de corrupción y el robo descarado de la narcocleptocracia, por cierto insensible e inconmovible a las necesidades de la población que se debate entre la marginación y la miseria.

El colmo es que la certeza de estabilidad y crecimiento que garantizan las remesas, ha roto la tradición con sus muy contadas excepciones de nombrar técnicos apartidarios al frente del banco central y se ha nombrado a González Ricci, un político partidista, mercadólogo mediocre, aprendiz empírico de Keynes, alcahueta de la corrupción, vinculado en el pasado a la Reina del Sur, nada menos que al ministro de Finanzas de la narcocleptocracia, como flamante presidente del Banco de Guatemala.

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Author: Maria Suarez