Guatemala se muere

La verdad sea dicha, lo que nos deja la tormenta o depresión tropical Julia es lo mismo que nos dejó en su momento el Mitch, luego Agatha, Eta y Iota, el Stan y ahora Julia. En todos los casos improvisación, descoordinación institucional, una larga lista de actos demagógicos y ausencia de políticas públicas serias. No es nada de extrañar, es lo que ocurre desde hace muchos años en nuestro país. 

“Hace años afirmé que en nuestro país vivíamos un Mitch estructural, pues el desastre que había causado el huracán o tormenta tropical nos había desnudado de una manera que antes no se había visto. Luego fue el Stan y a continuación cualquier lluvia, como decía en el artículo escrito en elPeriódico, ocasionaba desastres. El tema se puede plantear y resumir así: no existe en lo que vemos de forma constante desastres naturales. Hay desastres provocados por la torpeza nuestra y por la incapacidad del Estado de atender temas vinculados a la gente. 

Desde entonces crece de manera incontrolable la tendencia depredadora de la élite en el país. De un lado se deforesta y con ello las lluvias modestas hay que decir, se convierten en desastres con el caudal de vidas que se pierden. Las carreteras o puentes mal construidos solo anuncian nuevos desastres que nunca son naturales, aun si los desencadena una pequeña lluvia. Es lo mismo con el azolvamiento de los ríos o lagos que se llenan de toda la porquería imaginable, y no hablo del excremento humano, hablo de latería, plásticos, y todo tipo de desechos. Lo más grave es con los asentamientos humanos. 

La gente construye casas precarias en lugares precarios, con autoridades precarias y normativas precarias. Junto con ello la presencia de “desarrolladoras” que construyen en donde sea y como sea, pues a los escasos códigos de construcción le agregan coimas a tiempo, en toda la cadena de responsabilidades, incluyendo alcaldes mafiosos que, una vez hay desastre, compran un par de cajas mortuorias y decretan un duelo de dos o tres días y la rueda gira y gira. Nunca hay responsables. 

No es el cambio climático la fuente de todas nuestras desgracias. En El Cambray o Santa Isabel en Villa Nueva, con todo lo que se diga, no tiene nada que ver el cambio climático ni los compromisos de Kioto o de París. Son dos o tres alcaldes corruptos y un par de constructoras quienes son responsables sin excusa del drama humano. El desastre del lago de Amatitlán, más allá de la trágica historia de la agüita mágica, tampoco tiene que ver con el llevado y traído cambio climático. Es responsabilidad social y la ignorancia ambiental y de un montón de empresas que tiran todo en el lago. Y media docena de alcaldías llenas de bandoleros. 

El reciente reportaje de Prensa Libre si algo nos dice es que todos los ríos del país se han convertido en tiradero de mierda, y eso no es el cambio climático. Basta ver las playas en la desembocadura del Motagua, que ya han provocado la protesta de ¡Honduras! Es la irresponsabilidad nacional y la impunidad que asola el país entero. Creo que hay que distribuir bien las responsabilidades. Pero, sobre todo, hay que dar un viraje en serio y profundo. 

Finalmente, un gobierno central y su ministro de Ambiente, que en el mejor de los casos sirven de decoración al desastre anunciado. Ese es el estado de la nación hoy día. Y recuerdo, falta por lo menos un mes de lluvias y temporales. A ver qué más tonterías se inventan sin tomar medidas ejemplares en el drama ambiental de un país que se muere ante nuestros ojos”. Así escribí entonces. 


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Author: Maria Suarez