El régimen violador de libertades se cobija en su férrea hegemonía comunicacional a punta de robos, confiscaciones y censuras de medios independientes, para difundir la mentira y falsear la información. Desvirtúa la realidad desde nichos que responden a sus intereses criminales, que no dan cuenta de lo que realmente está sucediendo. La comprobación de 17 centros de torturas provocó la censura y cierre de medios de emisión abierta. Son indiferentes al dolor ajeno como lo refleja la patética realidad de los migrantes en fuga muertos de hambre.