La bulla de las elecciones

Una bola de listos de diferente calibre políticamente marginales ofrecen cambiar el statu quo sin cambiarlo, guiados por la ansiedad de alcanzar la guayaba en este pueblo de Dios gobernado por deseos y suposiciones, donde la mentira parece verdad y abundan los ditirambos y las tinajas de guaro con la gente cansada y aburrida de oír tanta paja, de los perturbados por la posibilidad de ganarse la lotería sin comprar número, lejos de toda previsión razonable de lograrlo por falta de inteligencia política. Extraviados en un baile de máscaras, convirtieron el país en una moderna torre de Babel, sin asumir nadie la conducción responsable de los intereses de la nación ni el fracaso de la democracia, al no prevalecer el Estado de derecho, es decir: cumplir y hacer que se cumpla la ley. Entretenidos en un diálogo de sordos rescatando de la memoria lo indispensable, confunden refundar con refundir el Estado sin modernizarlo ni encauzar la nación por la paz y la prosperidad, enredados en la rumba de la democracia de cartón y terminar en los brazos de los integristas, opuestos al cambio real si no los beneficia, incluidas las extravagancias de una generación extraña que pasea chuchos por la calle y encierra a los abuelos en un asilo. Necesitando un gobernante sabio que rescate al país, partiendo de la premisa de que la libertad y la justicia son valores inseparables. 

La degradación de la política, de los servicios de salud, infraestructura, calidad educativa, etc., viene de lejos, no empezó ayer. Lo mismo la oposición sistemática al sistema fiscal progresivo para salir del atraso social —paga más el que gana más—, captando el Estado recursos que le permitan cumplir sus obligaciones sociales, racionalizar el gasto público, combatir la evasión y cero elusión. El modelo funciona hace décadas en Europa y otros países. Aquí no incrementan la tasa impositiva más baja del mundo en relación con el PIB, engatusados por los fanáticos que buscan con arrogancia debilitar el Estado y provocar un colapso social, sin aceptar que es irreversible una política fiscal diferente como parte de la modernización, antes de que los marginados despierten dejando de creer que la ignorancia es la felicidad y terminen a morcillazos con el poder arbitrario, recogiendo del suelo los vidrios rotos. Encaramados en un sistema que provoca amnesia, los dueños del circo no quieren entender la inminencia de un terremoto social hasta que se rompa la piñata, sin darles tiempo de asustarse y contar despacio la historia al derecho y al revés, rescatando los restos del naufragio. 

La modernización del Estado no puede ni debe estar en manos de volatines, confundiendo gobernar con mandar, ni sujeta al consenso de ignorantes aleccionados para sabotearla. El único diálogo válido es en las urnas, otorgando el ciudadano con su voto un mandato categórico a las autoridades electas para hacer los cambios sociales con legitimidad, dejando de aprobarlos a discreción, sectores que no están investidos de ese derecho. Requerir el aval de grupos con intereses sibilinos, distorsiona y lesiona el mandato delegado en los organismos del Estado, sin subordinación de ninguna clase. La soberanía popular no es negociable. Las reformas que la sociedad exige se deben implementar con capacidad, honradez y convicción, superando la polarización y los conflictos con una política social, económica y financiera moderna velando por el bien común, aun contrariando a las élites dispuestas a evolucionar y cambiar en el año 2200 d. C. Minoría que considera perfecta la democracia de cartón, mirando con desdén el deterioro social y la pasividad de la mayoría olvidada que, de subirse al último tren que le queda y rebelarse el 2023 en las urnas con claridad racional, su candidato presidencial ganaría las elecciones, dándole de beber de su propio chocolate a los que esquivan una reflexión rigurosa, y persisten en liberar la actividad gubernamental del control político y social. Disparate histórico que permite a los fundamentalistas con su lógica-ilógica, intentar desintegrar el Estado en pleno siglo XXI. 


En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez