Honorato de Balzac escribió en su novela Un asunto Tenebroso: Un hombre de acción precipitada debía de estar al servicio de un pensamiento único, del mismo modo que entre los animales la vida, carente de reflexión, está al servicio del instinto. A la inversa sucede a los académicos, que de tanto trajinar con multitud de ideas al final se quedan sin ninguna. Solo el genio hace posible el florecer de las ideas y el desgranar de las teorías.