La internacionalización de las grandes compañías españolas juega un papel muy importante en el ecosistema empresarial dado su gran peso en el conjunto de las exportaciones así como en la emisión de inversiones en el exterior. Un porcentaje muy alto de los ingresos de las grandes empresas se generan fuera de España . «La internacionalización supone para este tipo de empresas un vector de crecimiento vital para su existencia. Entre los mayores exportadores destacan las grandes empresas relacionadas con la energía, la automoción, la petroquímica y la química, la farmacia y la agroalimentación», afirma Marta Blanco , presidenta de CEOE Internacional. En España existe un alto de grado de concentración de las exportaciones en un número reducido de empresas , un fenómeno similar al de otros países. «En 2021, 114 empresas, que exportaron cada una de ellas por un valor superior a 250 millones de euros, aglutinaron el 39% de las exportaciones españolas. Todas ellas son empresas de gran tamaño», añade la responsable. Este proceso de concentración gana aún más relevancia cuando hablamos de las inversiones en el exterior. «En ese caso, el 92,8% del stock de la inversión emitida en 2019 en el exterior se concentraba en las grandes empresas», puntualiza. Tal y como resalta Raúl Mínguez , director del Servicio de Estudios de Cámara de España, estas compañías «son clave en término cuantitativo, por la regularidad que suponen en el flujo del comercio exterior». Las grandes empresas, al exportar, arrastran con ellas a muchas pymes de su entorno por la vía directa e indirecta. «Es lo que se conoce como las externalidades positivas de la internacionalización », resalta Mínguez. De forma directa porque «se genera una tendencia positiva y las posibilidades de colaboración son mayores». De forma indirecta porque «sus productos están homologados para competir en mercados internacionales y les puede servir en un futuro», añade. Este proceso de integración en las cadenas de valor permite a muchas pymes «modernizar sus procesos de producción, mejorar sus técnicas de gestión e incorporar el grado de sofisticación necesario, para dar después un salto al exterior», matiza Marta Blanco. Noticia Relacionada estandar No España se conecta a la digitalización de África Laura Montero Carretero El incipiente despertar del continente a la era de la transformación tecnológica abre una gigantesca ventana de oportunidad en la que nuestras empresas ya están fijando la mirada «Las empresas internacionalizadas son más competitivas ya que cuentan con experiencia en distintos mercados, teniendo que cumplir con las necesidades que le demanda el cliente en todos ellos, lo que supone un incentivo y una palanca de mejora de esta competitividad», destaca Gregorio Izquierdo , director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE). Además, al tener sus ingresos más diversificados, son menos vulnerables a los distintos shocks , «ya que, si bien cada vez los ciclos económicos en las diferentes geografías tienden a estar más sincronizados, siguen existiendo algunas diferencias en la etapa o intensidad con la que se desencadenan los mismos», especifica. Marta Blanco observa un proceso de consolidación de las empresas cotizadas en Bolsa en los mercados más grandes, «donde quieren reforzar su presencia, incrementar su cuota de mercado y consolidarse como actores clave en dichos mercados». Este proceso evoluciona en algunos casos en paralelo a una transformación de sus modelos de negocio para competir en entornos competitivos de mayor valor añadido. «En relación con las exportaciones, éstas han vuelto a recuperarse en la mayoría de los sectores, salvo en aquellos específicos afectados por restricciones en el suministro de bienes intermedios», puntualiza. Crisis financieras Tal y como recuerda Izquierdo existen varios hitos que han favorecido el proceso de internacionalización de nuestro tejido productivo. Entre ellos la entrada en la UE y la adopción del euro como moneda común. Todo ello se ha reflejado en un gran aumento de los flujos de inversión con origen y/o destino en los países de la UE, y, sobre todo, de la Eurozona. Y también muy relevante fue «la gran recesión que sufrimos tras la pasada crisis financiera de 2008, después crisis de deuda en 2012, que deprimió la actividad económica interna y obligó a nuestro tejido empresarial a buscar demanda para sus productos fuera de nuestras fronteras», subraya el director general del IEE. «Ello ha dado lugar a un período de superávits por cuenta corriente compatibles con una etapa de crecimiento económico, algo insólito en el patrón histórico de crecimiento de nuestra economía, lo que significa un ahorro frente al exterior que permite destinar flujos de inversión hacia el exterior», matiza. Las crisis son momentos en los que las grandes empresas se hacen más fuertes en el exterior. «Algo natural ya que, si en tu mercado doméstico la demanda está hundida o en retroceso, buscas nuevas alternativas », explica Raúl Mínguez. El mercado internacional ha servido como tabla de salvación en momentos críticos . «Probablemente en la anterior crisis esta salida fue más sustancial. En la década de 2010 el número de empresas exportadoras aumentó de forma continua», añade. En el caso de la pandemia, que trajo una gran incertidumbre global , «ha supuesto un freno, al menos transitorio, al proceso de internacionalización de las empresas, tanto en los flujos comerciales como también en los flujos de inversión», afirma Gregorio Izquierdo. Y a la pandemia, se le han agregado con posterioridad otros catalizadores negativos, fundamentalmente la guerra entre Ucrania y Rusia y los elevados niveles de inflación , que introducen aún más incertidumbre. A pesar de todo, España ha mantenido el superávit por cuenta corriente en estos años tan difíciles y «ello demuestra la resiliencia de nuestro tejido exportador, que se había reforzado y ampliado mucho en los últimos años», matiza. El atractivo de Iberoamérica Una de las tendencias que se ve cada vez más en el contexto actual, especialmente a raíz de la pandemia, es la regionalidad o regionalización, que consiste en fomentar cada vez más el comercio intrarregional. «Un claro ejemplo de este fenómeno lo encontramos en Iberoamérica; y constituye una gran ventaja, pues ayuda a ejercer un efecto de arrastre de dinamismo, reforzado por el compromiso con los valores de libre empresa, diálogo, libertades y seguridad, y un clima favorable para la inversión que contribuye a potenciar la recuperación de las empresas y de los países», explica Narciso Casado, secretario permanente de CEIB y director general de CEO Internacional. En términos generales, Casado recuerda que «para seguir optando a los mercados exteriores hay que ser más competitivos». Y para ello es clave reducir las cargas fiscales y burocráticas. La participación de España en las cadenas de valor se ha ido incrementando considerablemente en las últimas décadas con el proceso de internacionalización del tejido productivo. No obstante, los momentos de crisis suelen ser momentos en los que se produce una cierta pérdida de dinamismo generalizada de estas cadenas de valor. Son varios los retos que tiene por delante las empresas españolas para seguir reforzando su papel en el exterior. «Uno de ellos es el de la necesaria mayor diversificación de los destinos de nuestros flujos comerciales y de inversión , ya que eso hace a nuestro tejido productivo y nuestra economía más resiliente a los shocks negativos», afirma Izquierdo. El segundo gran reto pasa por incrementar nuestras exportaciones en el segmento de alta tecnología . «Si bien las ventas al exterior de manufacturas presentan un alto porcentaje de productos de tecnología media-alta, aquellos de alta tecnología tienen un peso muy reducido», añade. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Julio José Prado: «Las empresas españolas, las que ya están y las que llegarán, son absolutamente bienvenidas» Raúl Mínguez señala también el reto del tamaño de la empresa española, de media inferior al promedio europeo. «Se podría aumentar la dimensión media de la empresa española y una alternativa es la cooperación para la internacionalización. Que la empresa pequeña pueda cooperar con otras para superar las limitaciones que impiden su internacionalización», resalta.